BIENVENIDA A LOS INFANTES DE LA POLIS

Bienvenidos a los Infantes de la Polis. Se sugiere que esta herramienta sea de uso permanente durante el transcurso del dictado de la asignatura toda vezque será muy beneficiosa para el educando en el curso de Historia de las Ideas Politicas o en el de Ciencia Politica.



martes 17 de enero de 2012

EL DECRECIMIENTO., UNA ALTERNATIVA PARA LA ECONOCMIA MUNDIAL.






Joan SURROCA I SENS
Educador y Politologo Catalàn




El término decrecimiento es un eslogan, "una bomba semántica provocada para contrarrestar la intoxicación del llamado desarrollo sostenible", una forma de pensamiento, la sostenibilidad, extendida por el economicismo liberal de los años ochenta, y que propicia pagar por todo, "por ejemplo, en el caso del trigo, obliga a pagar por los excedentes, por su almacenamiento y también hay que pagar por destruir los sobrantes". "Deberíamos hablar de A-crecimiento", dijo como una invitación hacia la reflexión sobre nuestro estilo de vida, incluso sobre la exhibición
Serge Latouche
El sociólogo francés Edgar Morin ha recapitulado en un libro algunos de sus artículos escritos en la última década. Sorprende que mucho antes de llegar la crisis actual, este intelectual clarividente ya alertaba de que la humanidad corre el riesgo de hundirse por su incapacidad de tratar sus problemas vitales. Cuando la sociedad se encuentra en esta situación “…o bien se desintegra, o bien es capaz en su desintegración de metamorfosearse en un metasistema más rico”[1]. El cambio climático, la carrera armamentística (especialmente la nuclear)[2] y el desfase creciente entre la tecnociencia y la ética[3] son tres grandes retos que muchos auguran como presagios de catástrofes. El mensaje de Morin es claro: “Lo improbable permanece como posible y la historia nos ha demostrado que lo improbable podía reemplazar a lo probable” [4]. El convencimiento de que no todo está perdido alienta la convicción de que es posible crear sociedades alternativas al creciente hedonismo y consumismo occidental que parece extenderse por todos los rincones de la Tierra.
El pesimismo sólo gana nuestro ánimo cuando olvidamos la creatividad positiva que somos capaces de generar. Algo inédito e irreversible está aconteciendo en diferentes puntos del planeta y, de manera especial, en el continente americano. Aquellos temores de vernos absorbidos por la fuerza de la potencia hegemónica se han transformado en posibilidades reales de convivencia pacífica entre culturas milenarias. La actual crisis mundial, a pesar de ser un flagelo para los más humildes, ejerce un papel de fuego purificador que nos facilita escuchar, que afina nuestra mirada y que permite ralentizar el ritmo alocado que se vive en algunas partes del mundo. Sin embargo, una excesiva confianza sería pecar de candidez. La realidad es que la concienciación avanza lentamente en comparación al discurso persistente en la dirección contraria, es decir, el discurso del crecimiento como solución.
El movimiento que defiende el decrecimiento es uno de los más luminosos que se han puesto en marcha últimamente y ha logrado, en poco tiempo, penetrar en distintos ámbitos de la sociedad europea, si bien con incidencia desigual según los países. El eje fundamental del decrecimiento es disminuir la producción económica y así lograr una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, favorecer un mejor entendimiento entre los seres humanos y propiciar un reparto equitativo de los frutos de la Tierra[5]. El tiempo irá arrojando luz sobre el futuro deseado, que ahora sólo entrevemos parcialmente. Es impensable llegar a buen puerto sin cambiar de sistema económico. La economía debe limitarse a formar parte de un subsistema de la biosfera, tal como advierte Vicente Verdú: “El nuevo sistema que se deduzca de esta crisis vendrá a ser el resultado de un quehacer conjunto donde, a la fuerza, la razón económica dejará de ser la exclusiva matriz”[6].
Desde antiguo se han levantado voces sobre la necesidad de cuidar la Tierra y las especies que la pueblan[7]. Fue a partir de la segunda mitad del siglo pasado cuando en Occidente sonó la alarma ante las formas de vida cada vez más depredadoras. A principios de los años setenta se hizo popular el informe encargado por el Club de Roma[8] a varios especialistas, los cuales denunciaron la extrema gravedad en que se encontraba el ecosistema: “En un mundo finito no se puede crecer de manera infinita”. Sin embargo, el sistema capitalista necesitaba promover el consumo para asegurar la producción indispensable y así garantizar beneficios empresariales substanciosos. En los años ochenta, con Margaret Thatcher de primera ministra del Reino Unido y Ronald Reagan de presidente de los Estados Unidos de América, el liberalismo económico extremo aceleró todavía más las formas de vida insostenibles. La gravedad de la situación fue contestada por economistas, ecólogos, sociólogos, etc. y por grupos de base.
En el año 2002, los movimientos críticos con el sistema hegemónico occidental, herederos de las tendencias favorables a repensar los valores sociales, la producción, el consumo, etc., se reunieron en París, luego en Lyon, y se constituyeron en “objetores del crecimiento”. Sus integrantes recogen y popularizan el decrecimiento, introducido como concepto por Nicholas Georgescu-Roegen[9] en la década de los setenta, precisamente un año antes que se diera a conocer el Informe Meadows. Las aportaciones de Georgescu-Roegen eran mucho más radicales y críticas que las de los economistas convencionales. Propuso, entre otras medidas para paliar las desigualdades económicas, permitir la libertad de circulación de personas sin restricciones y también prohibir la fabricación de armamento. Es muy celebrada su ocurrencia para salir del “círculo vicioso de la maquinilla de afeitar”, razonaba: “Queremos afeitarnos más deprisa y así tener más tiempo para idear una máquina de afeitar todavía más rápida, de modo que podamos gastar más tiempo en otra todavía más rápida, y así en un interminable y vacío progreso”.
Nicholas Georgescu-Roegen, además de aportarnos ideas (que han resultado capitales para comprender la crisis ecológica actual) sobre la integración en la economía de las enseñanzas de la termodinámica y la biología, se preocupó de las cuestiones éticas: “...los preceptos éticos, lejos de ser un producto endeble de las emociones, son tan necesarios para el buen funcionamiento de las sociedades humanas como una apropiada dotación de recursos naturales”. O bien: “El nombre de nuestra especie es Homo sapiens sapiens y podemos estar doblemente informados, pero no ser suficientemente sabios. Nuestro destino depende mucho más de nuestra sabiduría que de nuestro conocimiento”[10].
Actualmente, el decrecimiento está presente en los medios de comunicación, se publican libros y revistas, el tema ha penetrado en las universidades y se han creado grupos que cuidan de su difusión. “Decrecimiento” es una palabra con vocación provocadora y deseo de generar debate. Es un intento de contrarrestar el esfuerzo del poder para impulsar nuevamente un crecimiento sin fin. Los intereses codiciosos de los que han acumulado riquezas escandalosas han logrado ejercer un verdadero dominio sobre nuestro pensamiento, hasta colonizarlo con sus valores y lograr que creamos y actuemos como si no hubiera vida más allá del capitalismo. Nos repiten, a través de la publicidad, que la única felicidad posible es acumular dinero o poseer bienes materiales. El decrecimiento cuestiona estas pretendidas certidumbres y aporta nuevos valores sociales para vivir más con menos[11].
Las teorías del decrecimiento nacen observando la realidad: el impacto sobre los ecosistemas debido al consumo de recursos y la generación de residuos por parte de la humanidad superan en un 30% la capacidad de la Tierra. O lo que es lo mismo: el planeta tiene un área productiva de 13.600 millones de hectáreas, que da un resultado de 2,1 ha por habitante. Debido al despilfarro por parte del 20% de los 6.800 millones de seres humanos, precisamos 17.500 ha, es decir, 2,7 por habitante[12]. El déficit aumenta por cuatro causas básicas: por la insaciabilidad de los que ahora malgastan; por la creciente demanda de los que pretenden entrar en el club de los ricos; por la disminución de la biocapacidad de la Tierra -el déficit actual lo subsanamos gastando parte del capital, con lo que cada año tenemos menos capital (menos biocapacidad) y menos rédito-; finalmente, por el crecimiento exponencial de la misma humanidad: en una década hemos aumentado 1.000 millones. Esta cifra era el total de habitantes que poblaba la Tierra a principios del siglo XIX.
Claro está que estas cifras globales no ofrecen toda la verdad. Las diferencias de comportamiento entre países son casi increíbles. Los hay que están muy lejos de llegar a demandar 2,1 ha por persona. Por ejemplo: el Congo tiene una huella de 0,5 ha; Marruecos, de 1,1; Guatemala, de 1,5 y Perú, de 1,6. Sin embargo, Brasil ya superó la barrera y ahora mismo tiene una huella de 2,4 ha. EEUU está muy por encima: 9,4 ha[13]. Si partimos de la idea de que el planeta es de todos, EEUU por ejemplo, debería pagar al Congo una compensación porque su déficit ecológico es enorme y el Congo tiene superávit. Una diferencia del orden de 1-19 entre los dos países ilustra perfectamente el abismo entre los países deudores y los que disponen de crédito ecológico. El cambio climático, la desaparición de especies, la contaminación de los mares, etc., no conocen fronteras. Todos salimos perjudicados, particularmente los más débiles, aunque unos pocos son los teóricamente beneficiarios a corto plazo. Comprometer la viabilidad de la vida, el futuro humano y el de otros seres vivos constituye un robo a gran escala.
Ante tal cuadro de cifras se comprende fácilmente que la palabra “decrecimiento” cobre su verdadero significado en aquellos países que sobrepasan los límites de consumo que ofrece el planeta. A menudo, los contrastes internos nacionales reproducen los mismos abismos que hemos visto entre los países. Seguro que en el Congo hay personas que superan el 9,4 de la media de EEUU y que en este país hay personas que no llegan a producir una huella del 0,5, la media del Congo. Los obligados ajustes de comportamiento en el consumo y en la producción han de afectar a las capas más dilapidadoras de cualquier país.
Algunas personas se muestran especialmente pesimistas ante el estado actual del mundo y su futuro. ¿Cómo creer que alguien acostumbrado a un determinado ritmo de vida pueda contentarse con otras formas que le rebajen 4 ó 5 veces su capacidad adquisitiva actual? ¿Cómo evitar que la populosa China o la India deseen copiar el itinerario desarrollado por los países occidentales? Nadie dice que sea fácil, ni que vayamos a tener éxito en el intento, pero no queda otro remedio que trabajar en la buena dirección. Al igual que quien va en bicicleta no puede permanecer parado más allá de unos pocos segundos sin perder el equilibrio, el capitalismo precisa de la alocada carrera del derroche para subsistir. Necesitamos imaginación para inventar otros sistemas económicos y organizativos que escapen del productivismo actual. De la misma manera que en su momento se superaron sistemas que parecían intocables como el esclavismo, el feudalismo y el mercantilismo, también ahora sabremos dar un paso en el buen camino[14].
El decrecimiento no es una ideología cerrada ni tiene un proyecto definido o una hoja de ruta marcada. En principio, esta circunstancia puede parecer un inconveniente porque, siendo gregarios, nos gusta tener un liderazgo claro que nos ahorre el esfuerzo de participar, de proponer y de crear. Sin embargo, los sistemas históricos que se iniciaron practicando el culto a la personalidad de determinados líderes provocan el efecto suflé: se desarrollan rápidamente, pero más pronto que tarde se desvanecen y quedan reducidos a la nada. No hay consolidación posible si no hay una base participativa.
Lo que une a las diversas sensibilidades de los “objetores del crecimiento” es la voluntad de ir modificando el actual sistema hasta fortalecer una alternativa al capitalismo. Por ejemplo, considerar la importancia de la producción, pues sin cambiarla no lograremos reducir el consumo con éxito. Disminuir el trabajo significa repartirlo para no consolidar la sociedad dual a la que parece que estamos abocados. No es nada atractivo que un 50% de la población activa esté trabajando de manera estable y el otro 50% esté en el paro o en trabajos precarios toda la vida. Trabajar menos permite repartir y asegurar empleos para todos y todas. Trabajar menos para vivir más intensamente los valores familiares, creativos, lúdicos y espirituales requiere una preparación y un período de transición sin brusquedades[15].
Otra medida que mantiene la filosofía decrecentista es la de promocionar el transporte público, especialmente el ferrocarril. Esta opción supone prescindir considerablemente de los transportes en vehículos privados con el consiguiente ahorro de gasto energético y poner fin a la incesante construcción de nuevas vías de circulación y contribuir a frenar el CO2. Reducir el transporte de mercancías a lo estrictamente necesario favorecerá la relocalización. Poner punto final a las megacadenas y a las multinacionales[16], acabando con el absurdo de que el 13% de los productos transportados por vía aérea esté relacionado con la alimentación. Son medidas viables: la dificultad no es técnica, sino más bien debida a los grandes intereses que hay en juego.
Necesitamos programas políticos que favorezcan a las pequeñas explotaciones agrarias para acercar nuevamente los productos al consumidor. En Guatemala, un 2,5% de los propietarios acaparan el 65,1% de la tierra. En Colombia el 0,33% de los propietarios pasaron de poseer el 32% de la tierra en 1984 al 48% en el 2000. En Namibia, unos 4.000 blancos (menos del 1% de la población) poseen el 44% de la tierra. En Brasil, un 3% de la población posee dos tercios de la tierra[17]. Con la relocalización de la producción agraria se garantiza la calidad con productos frescos y se abaratan los precios, en contra de la opinión popular, al prescindir de los gastos de autopistas, aeropuertos, almacenes, redes diversas de comunicación y las consecuencias energéticas y medioambientales. Son gastos que no pagamos directamente cuando compramos los productos lejanos, pero que sí los sufragamos indirectamente con los impuestos. Recaen sobre todo tipo de bolsillos, de manera indiscriminada, mientras los beneficios se reparten entre los pocos titulares de las multinacionales agrarias y de los grandes consejos de administración. Es una verdadera desmesura que algunas multinacionales facturen más que el Producto Interior Bruto de países enteros. Que estas empresas sean más potentes que los gobiernos ya nos da alguna pista del porqué de algunas situaciones incomprensibles a las que hemos llegado.
Una vía por explorar, con posibilidades de futuro, es la de las formas de producción cooperativistas. A menudo, las personas que han optado por esta meritoria manera de organizar el trabajo no han recibido las ayudas ni la formación requeridas para consolidar este tipo de empresas. En todo caso, las pequeñas y medianas empresas con más participación de los trabajadores, parece que pueden ser más compatibles con la Vida Buena deseada para todos, que con los anónimos monstruos de producción a escala mundial.
Otra parcela de la economía que requiere un buen golpe de timón es el de la energía. Los seres vivos que pueblan el planeta se sirven de energía solar: todos, excepto los humanos, que usamos y abusamos de energías fósiles. Si pensamos que entre el año 1960 y el 2000 hemos consumido la misma energía que en el resto de la historia de la humanidad, sobran palabras para descubrir hacia dónde vamos. Tenemos oportunidad de aprender mucho de la naturaleza. El perfecto equilibrio entre los ecosistemas nos brinda pautas de comportamiento razonables. La «biomímesis» es la ciencia que desarrolla aportaciones novedosas después de tener en cuenta el funcionamiento de los organismos y también de los ecosistemas. Se está evolucionando mucho en esta línea de investigación que puede ofrecernos buenas soluciones a no tardar. Jorge Riechmann pone algunos ejemplos: “Janine Benyus ha señalado que las arañas producen seda, que es tan fuerte como el kevlar (¡fibra sintética empleada en la fabricación de chalecos antibala!). El abalón u oreja marina (un gastrópodo marino) fabrica una concha interior dos veces más resistente que las cerámicas humanas, y las diatomeas convierten el agua del mar en vidrio -ninguna necesita hornos-. Los árboles convierten la luz del sol y el suelo en celulosa, un azúcar más rígido y fuerte que el nilón pero mucho menos denso”[18].
Adela Cortina acierta al decir: “Desde que en los años veinte del pasado siglo irrumpiera la producción en masa en el mercado, la capacidad de consumir fue ganando terreno a las demás capacidades humanas, primero medalla de cobre, después de plata, hasta ocupar el primer puesto en el podium de las capacidades más valoradas en esta nuestra era que ha dado en llamarse con acierto ’era de la información’, y que podría llamarse ‘era del consumo’ con igual o mayor tino”[19]. Que la economía de mercado pase a mejor vida no significa que desaparezca el mercado. Siempre ha existido mercado, el intercambio de productos. Lo que no es razonable es que todo, absolutamente todo, quede mercantilizado. El mercado tiene la función del intercambio; pero cuando la sociedad “con” mercado se convierte en sociedad “de” mercado, es cuando nace la especulación. El mercado se convierte entonces en fuente de enriquecimiento rápido, a costa de avivar la sed de consumo de las capas de población más vulnerables. Las campañas publicitarias diseñadas con sofisticadas técnicas de manipulación hacen verdaderos estragos[20].
No todo está perdido y todo está por hacer. La crisis puede ser una oportunidad. En la Grecia clásica krinein (crisis) significaba decidir, oportunidad, vacilar, etc. Hay visiones esperanzadas que apuntan un mundo absolutamente insólito[21]. Sólo con una movilización general y entusiasta conseguiremos la llegada a puestos de responsabilidad política de mujeres y hombres dispuestos a ofrecer lo mejor de sí mismos por las causas pendientes de los pueblos, poniéndose al lado de los que sufren y caminando junto a los más débiles y olvidados. Es imprescindible que los políticos y los pueblos marchen unidos para poner fin a la perpetuación del poder en manos de canallas, que se sirven de la política para sus fines privados, utilizando medios fraudulentos y métodos subrepticios.
A pesar de todos los bienes materiales a su alcance, en Occidente la gente está deprimida y triste. El teólogo José I. González Faus lo plantea muy bien: “Cuando estoy de humor, resumo mi vida en esta frase: hubiese querido dedicarme a liberar a los oprimidos, y el Señor me ha limitado a consolar a los deprimidos. Con la seguridad de que la depresión, como la gran enfermedad cultural de nuestro Primer Mundo, que va tomando dimensiones literalmente epidémicas, tiene mucho que ver con la opresión como pecado estructural del mundo rico”. La filosofía del decrecimiento desmitifica el mercado como proveedor de felicidad, y desenmascara la inutilidad del Producto Interior Bruto como índice fiable para medir el grado de satisfacción de un determinado colectivo humano.
En realidad, nada nuevo bajo el sol, porque estos sencillos y elementales principios son los que desde antiguo vienen repitiendo los sabios. Confucio lo comunicaba diciendo: “Sólo puede ser siempre feliz aquel que sepa ser feliz con todo”; Horacio, por su parte, lo resumía así: “Se vive bien con poco”, y Lucio Apuleyo: “Para vivir, como para nadar, cuanto más descargado, mejor”. Asimismo, gracias a su sabiduría, los pueblos originarios, indígenas y tribales, después de 500 años de resistencia, han conseguido conservar sus valores. Debemos prestar atención, porque estos valores tienen muchos rasgos en común con los que en Occidente defiende el decrecimiento económico.
Por otra parte, los sistemas filosóficos y las religiones han mantenido también el sabio criterio de que con la sencillez es mucho más fácil encontrar lo esencial. Este lema es un eje fundamental en las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Cuando dice que no tiene dónde reclinar la cabeza (Mt 8, 20), es lo mismo que decirnos que vive como un marginado o un desinstalado, es decir, sin apego a nada. Cuando da instrucción a los apóstoles, les dice: “No traten de llevar oro, ni plata, ni monedas de cobre, ni provisiones para el viaje. No tomen más ropa de la que llevan puesta; ni bastón ni sandalias” (Mt 10, 9-10). Constituye una clara alusión al desprendimiento necesario para hacer posible la experiencia de Dios. Es esta anticipación de plenitud lo que nos hace superar nuestra cobardía para comprometernos en favor de los olvidados.
Esta misma idea la encontramos en el pasaje en el que un joven pregunta lo que debe hacer para conseguir la vida eterna. Jesús, al ver que era un estricto cumplidor de los mandamientos, lo mira con amor y le dice: “Sólo te falta una cosa: anda, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y así tendrás un tesoro en el cielo; después, ven y sígueme” (Mc 10, 17-27). Estas claras alusiones a la preferencia de ir ligero de cargas no son para favorecer situaciones penitenciales ni masoquistas; es la necesidad de estar libre de todo aquello que nos distrae de dirigir nuestros esfuerzos hacia el núcleo de la vida: construir un mundo nuevo y hacerlo con toda libertad, para que todas y todos podamos gozar de la Vida Buena.
El pluralismo religioso nos demuestra que hay terrenos comunes. Por ejemplo, en todas las religiones encontramos la exhortación a tratar a los demás como a nosotros mismos: es la «regla de oro». Otro de los puntos en el que hay similitudes, es el de la necesidad de sencillez para alcanzar la apertura interior y descubrir momentos de trascendencia. Sin ánimo de ser exhaustivo, valgan estos ejemplos: en el hinduismo, en el Bhagavad Gita 3,19, se lee: “La persona que se mantiene igual en la censura que en la alabanza, silenciosa, satisfecha de todo, sin hogar, llena de firme resolución, es querida por Mí”.
La tradición budista tiene un pequeño cuento interesante: “Ryokan, un maestro Zen, llevaba un estilo de vida muy sencillo en una pequeña cabaña al pie de una montaña. Una tarde, un ladrón entró en la cabaña y descubrió que allí no había nada para robar. En aquel momento llegó Ryokan de pasear y lo sorprendió. ‘No es posible que hayas caminado tanto para visitarme y que marches con las manos vacías. Hazme un favor, toma mi ropa como un regalo’. El ladrón quedó perplejo, pero tomó la ropa y se fue corriendo. Ryokan se sentó desnudo y contempló la luna. ‘Pobre hombre, murmuró. ¡Ojalá pudiera darle esta maravillosa luna!’”.
De la tradición judía también es ejemplar este otro cuento: “En un albergue, un desconocido de aspecto arrogante, tomó por un mendigo al venerable Rabino Zúsia, y lo trató con menosprecio. Más tarde, se enteró de su identidad y fue corriendo a buscarle para excusarse. ‘¡Perdóname, Rabino! Si no, nunca más volveré a dormir tranquilo, ni podré descansar’. Entonces el Rabino Zúsia sonrió moviendo la cabeza: ‘¿Por qué me pides perdón a mí? No es a Zúsia a quien has ofendido, sino a un pobre mendigo. Ve, pues, por todos los lugares y pide perdón a todos los mendigos que encuentres”.
El Islam tiene pensamientos en la misma línea, como este de Farid Ud-Din Attar: “Dios quiera que estés actualmente como estabas antes de existir individualmente: ¡en la nada de la existencia! Purifícate por completo de las malas cualidades; estate dispuesto como la tierra, como el viento en la mano”.
Para terminar, una cita del siglo XX particularmente bella del patriarca de Constantinopla, Atenágoras, jefe de la iglesia ortodoxa: “Lo que es bueno, verdadero, real, para mí siempre es lo mejor. Es por esta razón por la que ya no tengo miedo. Cuando no se tiene nada, ya no se tiene miedo. Si nos desarmamos, si nos desposeemos, si nos abrimos al hombre-Dios que hace nuevas todas las cosas, Él, entonces, nos da un tiempo nuevo donde todo es posible. ¡Es la paz!”.
Todas estas reflexiones nos indican que para poder ver realmente los ojos de los demás, uno no debe estar mirándose siempre a sí mismo, tal como ocurre en nuestras sociedades ególatras. Al contrario, ir ligero de equipaje nos permite luchar contra la pobreza y, sobre todo, ser críticos con la opulencia; porque, de lo contrario, lo arreglamos todo olvidándonos de los que sufren y, para acallar la conciencia, damos una limosna periódicamente. Como muy bien dice el poeta: “El señor don Juan de Robles, / de caridad sin igual, /hizo este santo hospital,/ y también hizo a los pobres”.
Es sumamente importante crear oportunidades de encuentro para las 6.000 culturas existentes, formadas por 500 millones de personas, críticas con las desmesuras del neoliberalismo y los abusos del eurocentrismo. Juntas, constituyen alternativas y esperanzas de conseguir otros mundos posibles. Todo confluye: la Vida Buena o Buen Vivir de los Quechua, que hablan de “Allin Kawsay”; los Aymara de “Suma Tamaña”; los Awajun de “Nugkui” o “Biruk”; los Guaraní de “Ñandereko”; los pueblos amazónicos de “Volver a la Maloca”. Y de tantos otros pueblos originarios, filosofías y religiones diversas, las enseñanzas de Jesús, la filosofía del decrecimiento o de pensadores que iluminan con sus propuestas la posibilidad de otras formas de vida[22]. Es restituir el equilibrio, la armonía, la serenidad y la buena relación entre los seres humanos y con todas las especies vivientes, equilibrio que perdimos cuando antepusimos la técnica a la vida. Está en lo cierto Jorge Riechmann: “En la era de la tecnociencia la naturaleza humana depende de la ética”[23]. La ética debe cobrar el valor de antaño para estar presente de manera transversal en todas las esferas de la vida[24]. Entonces, ¿no es cierto que nos encontramos ante una magnífica oportunidad para concretar todo este cúmulo de enseñanzas en una actualizada manera de llevarlas a la práctica?
El tema del decrecimiento, como hemos visto, es crítico con el sistema actual, pero necesita de la fuerza creadora de la Utopía, porque sin ella no lograremos alzar el vuelo que exigen los proyectos revolucionarios. Constituye un filón nuevo muy interesante para educadores de cualquier nivel que quieran estudiarlo y organizar talleres, encuentros, cursillos… en la educación popular, en las actividades formativas de las comunidades y de concienciación popular. Los que quieran profundizar en este tema pueden encontrar bibliografía y cibergrafía en la Agenda Latinoamericana 2010 y en Internet, en la página www.latinoamericana.org/2010/info.



[1] MORIN, Edgar: ¿Hacia el abismo? Globalización en el siglo XXI, Barcelona, Paidós, 2010, p. 15.
[2] En el mundo hay 27.000 cabezas nucleares almacenadas.
[3] Un buen ensayo sobre ecología, ética y autolimitación: RIECHMANN, Jorge: Gente que no quiere viajar a Marte, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2004, 247 pp.
[4] MORIN, Edgar, op. cit.; p. 14.
[5] La fortuna de Hill Gates equivale el valor total de la de los 106 millones de norteamericanos más pobres, según cita Jean ZIEGLER en su libro: Los nuevos amos del mundo, Barcelona, Destino, 2003, p. 35.
[6] VERDÚ, Vicente: El capitalismo funeral, Barcelona, Anagrama, 2009, p. 189.
[7] Sin embargo no fue hasta el año 1869 cuando se popularizó la palabra ecología introducida por Ernst Haeckel.
[8] Conocido por Informe Meadows por el nombre de su autora principal Donella Meadows.
[9] Para conocer el pensamiento de este autor, véase: CARPINTERO, Óscar (ed.): Nicholas Georgescu-Roegen: ensayos bioeconómicos, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2007, 156 pp.
[10] Ibid., pp. 100 y 104
[11] Véase LINZ, Manfred, RIECHMANN, Jorge y SEMPERE, Joaquim: Vivir (bien) con menos, Barcelona, Icaria, 2007, 119 pp.
[12] Para saber el verdadero impacto humano sobre la biosfera se utiliza el índice de la Huella Ecológica que mide tanto el consumo de recursos como la generación de residuos.
[13] Para más detalles, la página web: http://assets.wwfes.panda.org/downloads/ipv20062.pdf
[14] ARISTÓTELES: La política, Barcelona, Espasa-Calpe, S.A., 1962, pp. 25-31.
[15] Uno de los teóricos del trabajo es André GORZ, véase su libro: Crítica de la razón productivista, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2008, 143 pp.
[16] Véase MONTAGUT, Xavier y VIVAS Esther (coord.): Supermercados, no gracias, Barcelona, Icaria, 2007, 191 pp.
[17] De diferentes fuentes periodísticas, en RIECHMANN, Jorge: Cuidar la T(t)ierra, Barecelona, Icaria, 2003, 623 pp.
[18] RIECHMANN, Jorge: Biomímesis, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2006, p. 190
[19] CORTINA, Adela: Por una ética del consumo, Madrid, Taurus, 2002, p. 21.
[20] La publicidad, en general, no tiene la finalidad de informar, prioriza el objetivo de provocar necesidades artificiales. Lo resume muy bien Clive HAMILTON: “El crecimiento económico no crea felicidad: es la infelicidad lo que sostiene el crecimiento económico”.
[21] Consulten PIGEM, Jordi: Buena crisis, Barcelona, Kairos, 2009, 190 pp. i ROVIRA, Àlex: La Buena Crisis, Madrid, Aguilar, 2009, 208 pp.
[22] CAMPS, Victoria: Una vida de calidad, Barcelona, Ares y Mares, 2001, 249 pp.
[23] RIECHMANN, Jorge: Gente que no quiere viajar a Marte, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2004, p. 234.
[24] GOULET, Denis: Ética del desarrollo, Madrid, Iepala, 1999, 247 pp.



Un artìculo de imprescindible lectura para un alumno del curso de Ciencia Politìca.

jueves 12 de enero de 2012

EL CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS EN EL NUEVO ESCENARIO MUNDIAL Y LOS NUEVOS MECANISMOS DE REVISION

Interesante y bien documentado artìculo, recomendado para los alumnos del curso de Ciencia Politica. Tomado de la Revista Polis.http://www.revistapolis.cl/30/art15.htm
Irene Acevedo Albornoz
Ministerio de Relaciones Exteriores, Santiago, Chile.
Email: irene.acevedo@usach.cl

Jorge Riquelme Rivera
Universidad de Chile, Santiago, Chile.
Email: jlriquel@uc.cl


Resumen: El trabajo analiza el tema de los derechos humanos bajo la perspectiva de la política multilateral. En esta línea, se concentra en las innovaciones que ha implicado el establecimiento del Consejo de Derechos Humanos, en lugar de la antigua Comisión de Derechos Humanos. Para tal efecto, se pone un énfasis especial en el estudio de las discusiones políticas que se dieron en el seno de la Comunidad Internacional, durante el proceso de constitución del nuevo Consejo, así como en los nuevos mecanismos de revisión que éste contempla.
Palabras claves: Multilateralismo, Naciones Unidas, Comisión de Derechos Humanos, Consejo de Derechos Humanos


The Human Rights Council in the new international order and the new mechanisms of revision

Abstract: This paper analyzes the Human Rights topic under a multilateral policy perspective. In this regard, it focuses on the innovations that have entailed the establishment of the Human Rights Council, instead of the former Human Rights Commission. For that purpose, special emphasis is placed on the study of political discussions within the International Community, during the process of establishment of the new Council, as well as the new review mechanisms that it contemplates.
Key Words: Multilateralism, United Nations, Human Rights Commission, Human Rights Council


O Conselho de Direitos Humanos no novo ordem internacional e os novos mecanismos para revisão

Resumo: Este artigo analisa a questão dos direitos humanos sob a perspectiva da política multilateral. Nesta linha, centra-se em inovações que envolveu o estabelecimento do Conselho de Direitos Humanos, em vez da antiga Comissão de Direitos Humanos. Para este fim, ênfase especial é colocada no estudo das discussões políticas que tiveram lugar no seio da comunidade internacional durante o processo de criação do novo Conselho, bem como examinar as novas disposições que contempla.
Palavras-chave: Multilateralismo, Comissão das Nações Unidas sobre Direitos Humanos, Conselho de Direitos Humanos

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Introducción

En el contexto de la política internacional, el multilateralismo contemporáneo tiene su origen en la Sociedad de Naciones, que tras la Primera Guerra Mundial se conformó con el propósito esencial de promover un escenario internacional estable y pacífico. El fracaso de esta organización y la consecuente conflagración mundial que se desarrolló entre 1939 y 1945 decantaron en una nueva institución, la Organización de las Naciones Unidas, núcleo del multilateralismo actual y foro principal del diálogo político de la comunidad internacional.

La política multilateral promueve la existencia de reglas claras y disciplinas transparentes, avaladas por un sistema internacional que otorga oportunidades a todos los actores. Es decir, el multilateralismo es la herramienta primordial para los países de menor tamaño relativo para incidir en los sucesos de la política mundial, más allá de la mera política del balance de poder. En el mundo actual, un multilateralismo que promueva el respeto de la pluralidad de visiones, es una pieza fundamental para enfrentar los desafíos del mundo global.

Bajo este marco general, los derechos humanos han tenido una relevante evolución conceptual y teórica, así como un importante desarrollo como instrumento de política exterior, particularmente en los países occidentales. Los derechos humanos hoy son un elemento central del debate en Naciones Unidas que, junto a la superación de la pobreza, el cambio climático y la equidad de género, se han convertido en uno de los temas transversales, que están presentes en prácticamente todas las iniciativas que se desarrollan en el ámbito de la política multilateral.

Según sostiene el profesor José Zalaquett (2010: 12), luego de la Segunda Guerra Mundial se produjo una internacionalización sistemática de los derechos humanos, comenzando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, del año 1948. Luego de esta Declaración se adoptó en la Organización, en 1966 el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los cuales entraron en vigor en 1976. De manera paralela a estas instancias, se han acordado numerosos otros pactos o convenciones sobre esta materia en Naciones Unidas y en organizaciones regionales, como los instrumentos de derechos humanos en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Respecto de la Comisión de Derechos Humanos, ésta fue creada en 1946 por el Consejo Económico y Social (ECOSOC), en cumplimiento del Art. 68 de la Carta de Naciones Unidas y estuvo conformada en un principio, por 18 Estados que luego aumentaron a 53 de acuerdo al sistema de rotación geográfica. La Comisión centró sus esfuerzos en la creación de normas internacionales sobre derechos humanos, para lo cual se estableció un grupo de redacción presidido por Eleonor Roosevelt, quien tuvo la misión de redactar un documento consensuado sobre esta temática. De esta labor surgió en 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La Comisión de Derechos Humanos fue el foro más importante del mundo en dicha materia desde su conformación en 1946. La Comisión fue establecida para proteger los derechos y libertades fundamentales de todos, sin hacer distinciones por motivos de raza, sexo, idioma o religión (Art. 1 de la Carta de Naciones Unidas), ampliando sus niveles de trabajo en función de la complejidad del mundo y la necesidad de ajustar su mandato a los requerimientos de la dinámica política internacional.

Sin perjuicio de lo anterior, en los albores del siglo XXI se hacía evidente la necesidad de incorporar cambios en la institucionalidad que la comunidad de naciones contemplaba para el ámbito de los derechos humanos, en tanto el escenario internacional se había crecientemente complejizado desde fines de la década de los ochenta. Con el fin de la Guerra Fría, el derrumbe del bloque soviético y el consecuente fin de los socialismos reales, Naciones Unidas debió enfrentar un abanico de nuevos problemas que el dinámico proceso de globalización ponía en evidencia.

El académico chileno José Morandé plantea que, a la preocupación tradicional de los Estados respecto de la guerra y la paz, la expansión hegemónica y los nacionalismos, se sumaron entonces las armas de destrucción masiva, la destrucción progresiva del medio ambiente, la violación sistemática de los derechos humanos, la expansión y gravitación de las religiones y los peligros de un terrorismo transnacional de gran impacto en la política mundial (Morandé, 2004).

Lo anterior aconteció en un escenario internacional marcado por una brusca transformación del balance de fuerzas de la era bipolar, que se tradujo en una situación transitoriamente unipolar; un aumento en el número y variedad de los actores internacionales y transnacionales; la pérdida de relevancia del Estado nación como protagonista central del sistema internacional; y los diversos procesos de integración regional que se ensayaban en el mundo. A estos complejos desafíos se sumaron en septiembre de 2001 los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono en Washington. Desde entonces, nuevos atentados se han perpetrado en distintas zonas del orbe, los que se unen a una serie de escenarios de conflictos e inestabilidad sin una perspectiva clara de resolución.

En este complejo escenario global, el año 2005 ya era patente la necesidad de llegar a un consenso en la comunidad internacional sobre la creación de una renovada entidad que respondiera a las nuevas demandas de los Estados, que requerían de un ente con mayores atribuciones en el ámbito de los derechos humanos. De este modo, en el año 2006 se creó el Consejo de Derechos Humanos, mediante la resolución A/RES/60/251 de la Asamblea General. El Consejo es un órgano intergubernamental compuesto por 47 Estados responsables de la promoción y protección de los derechos humanos en el mundo. Tras celebrar su primera sesión en 2007, el Consejo elaboró un paquete de construcción institucional que guiaría su trabajo en el futuro.

Como se abundará más adelante, entre los elementos innovadores del Consejo, se cuenta la creación del mecanismo de Examen Periódico Universal (EPU), a través del cual se examina la situación de los derechos humanos de todos los Estados miembros de Naciones Unidas. También destaca la creación de un Comité Asesor, que se ocupa de diversas cuestiones temáticas; así como el establecimiento de un nuevo mecanismo de Método de Denuncias, que permite que individuos y organizaciones presenten acusaciones sobre violaciones de derechos humanos, con el fin de ser examinadas por el Consejo.

Cabe considerar que entre los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas, se deja expresa constancia de la necesidad de estimular el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales de todos sin distinción. En su Art. 13 se establece que la Asamblea General, principal órgano de Naciones Unidas, promoverá el estudio y hará recomendaciones con el fin de fomentar y hacer efectivos los derechos y libertades fundamentales. Con el propósito de crear las condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones, el Art. 55 letra c) sostiene que la organización promoverá el respeto universal de los derechos humanos y de las libertades, ordenando que el ECOSOC haga recomendaciones con el objeto de promover el respeto de los derechos y la efectividad de tales derechos y libertades (Art. 62).

A su vez, el Art. 76 reconoce la interdependencia de los pueblos del mundo en la promoción de los derechos humanos. De este modo, la Carta de San Francisco, que dio origen al sistema de Naciones Unidas, contempló entre sus temas prioritarios la promoción y la protección de los derechos humanos como una condición básica y necesaria del bienestar humano.


El proceso de negociación en el sistema de Naciones Unidas y sus órganos subsidiarios

La negociación internacional se realiza entre Estados caracterizados por las asimetrías y diferencias en sus respectivos pesos específicos. El mundo global está compuesto por países que presentan distintos niveles de desarrollo económico, visiones culturales, capacidades tecnológicas, estilos de diálogo, población y territorio, entre otros. Por esta razón, la negociación multilateral presenta aditamentos que le son propios, como son la formación de alianzas o coaliciones en temas específicos, que pretenden aunar fuerzas entre los países en torno a objetivos comunes.

Las negociaciones son afectadas por cuestiones culturales, sean éstas de los mismos negociadores o propios de las partes a las cuales representan. En ocasiones, la negociación multilateral pone en juego una pluralidad de temas conectados entre sí, que pueden ser objeto de una o varias sesiones simultáneas o paralelas. Siendo el concepto de derechos humanos polisémico y, por ende, generador de múltiples controversias, las aspiraciones, intereses y disímiles formas de ver y construir el mundo hacen de la política internacional en esta materia una fuente inagotable de problemáticas por resolver.

La Carta de Naciones Unidas establece un principio a partir del cual se han orientado los acuerdos, ya sean globales o regionales. Según éste, los miembros de la Organización deben arreglar sus controversias internacionales utilizando medios pacíficos, de tal manera que no se ponga en peligro la paz y la seguridad internacionales, ni la justicia entre las naciones (Art. 2.3 de la Carta de Naciones Unidas). Para ello, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en 1998 la resolución A/RES/53/101, que contiene los Principios y Directrices para las Negociaciones Internacionales1 .

En este marco general, si bien el consenso es un mecanismo que se ha adoptado para resolver la mayoría de las cuestiones que hoy son debatidas en Naciones Unidas y sus órganos subsidiarios, el sistema de votaciones ha permanecido inalterable en el tema de los derechos humanos, tanto en la antigua Comisión de Derechos Humanos como en el actual Consejo. Lo anterior, en razón de que el entendimiento negociado que busca consensuar posiciones no ha sido posible de instalar en esta entidad, a pesar de las muchas ventajas que posee, tales como la estabilidad, adherencia y el posterior cumplimiento de sus disposiciones. El Consejo de Derechos Humanos continúa usando el sistema de las mayorías que lo mantiene con una cierta debilidad ante los acuerdos que alcanza. Asimismo, las resoluciones que condenan violaciones a los derechos humanos continúan siendo recibidas por los Estados a nivel de sugerencias o, en el mejor de los casos, como simples recomendaciones.

Una manera de superar algunas trabas de la negociación es recurrir a una negociación oficiosa, que se realiza mediante el uso de conversaciones de pasillo que se llevan a cabo entre una o más delegaciones, con el fin de sincerar posiciones y solicitar flexibilidad respecto de algún punto en que el Estado no puede manifestarse oficialmente2 . En el contexto de estas negociaciones, se hace patente que la política exterior de los Estados no sólo es el reflejo de los intereses nacionales, sino que también responde a presiones nacionales e internacionales de grupos ideológicos que ejercen una considerable coacción en la toma de decisiones.


Naciones Unidas y la Comisión de Derechos Humanos

La dinámica de la política internacional, en la cual los Estados han basado su accionar en el diálogo y el refuerzo del multilateralismo, ha permitido proteger y validar el comportamiento de los países de menor desarrollo, no sólo en las materias tocantes al progreso económico, sino también en temas relacionados con el bienestar y la seguridad humana. En tal sentido, uno de los conceptos que más adquirió relevancia en el ámbito multilateral en el último decenio del siglo XX fue el de la cooperación. En esta esfera, los Estados en el mundo globalizado se fueron identificando positivamente entre sí y percibieron, a la luz de los acontecimientos, que la seguridad y el progreso de cada uno era responsabilidad de todos.

De este modo, Naciones Unidas se ha ido consolidando a través del acuerdo de los Estados partes. La creación de entidades al interior de este sistema ha desarrollado un marco institucional en el cual operan ciertos estándares de comportamiento, la aceptación de reglas y el cumplimiento de los compromisos acordados, los que a pesar que experimenten una cierta fragilidad, igualmente son condicionados por mecanismos de carácter coercitivo (aislamiento, sanciones económicas o retiro de apoyos a candidaturas, entre otros), que permiten fijar ciertas normas de comportamiento.3 Ello permite vislumbrar un escenario internacional que sería esencialmente anárquico, pero donde, no obstante, se observa una notable tendencia a institucionalizar las relaciones entre los países mediante el derecho internacional.

En este marco, y considerando los supuestos del análisis institucional (North, 1990), es posible apreciar que, en el presente, el sistema de Naciones Unidas –núcleo de la política multilateral en el mundo- ha llegado a convertirse en una verdadera institución en términos de las creencias, normas y reglas que le han permitido el desarrollo de la estructura y funciones para las cuales fue creada. Las instituciones van consolidando su fuerza con el paso del tiempo y por ello es que, a pesar de que los Estados miembros presentan diferencias irreconciliables en torno al tema de los derechos humanos, aquellos permanecerán subsumidos al interior de la Organización.

En lo referido a la Comisión de Derechos Humanos en particular, es posible observar que con el devenir del tiempo y tras cumplir medio siglo desde su creación, aquella venía experimentado una inusual paradoja en su existencia, por cuanto a medida que se incrementaba su prestigio simbólico, por otra parte iba perdiendo eficacia práctica. Las reiteradas resoluciones de condena a algunos Estados que presentaban claras e incuestionables violaciones a los derechos humanos, se fueron convirtiendo en documentos que sólo agregaban números y años a frases previamente acordadas, asegurando así su rápida adopción, pero afectando su utilidad y eficacia concreta. Asimismo, el proceso de discusión y debate previo a la votación de las resoluciones, se había convertido en un ritual anual con escasas posibilidades de desarrollar los contenidos o avanzar en torno a los problemas puntuales que éstas abordaban. De tal manera, la Comisión de Derechos Humanos fue experimentando una sostenida tendencia a la inercia.

Sin embargo, la reflexión que se desarrolló en los albores de este siglo, en el marco de la reforma de Naciones Unidas, posibilitó que a través de largos procesos la estructura e institucionalidad de la Organización redefiniera la identidad e intereses de la Comisión. En tal sentido, debido a la relevancia creciente del problema global en torno a la definición de los derechos humanos, se requirió que la temática fuera vista como un problema a resolver en forma conjunta por los Estados, tomando en cuenta las diferencias existentes entre éstos, respecto de la responsabilidad, los efectos adversos y las capacidades de afrontar estas materias.


El surgimiento del Consejo de Derechos Humanos

En 1948 surgió la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Al no lograrse un consenso sobre ésta, la Declaración fue adoptada en la Asamblea General por votación (se obtuvieron 48 votos a favor, cero en contra y 8 abstenciones). No obstante, no hubo acuerdo para hacer de esta Declaración una convención jurídicamente obligatoria (Figueroa, 2010: 252).

Dicha Declaración no tiene un estatus jurídico vinculante, sino ostenta el valor que se le asigna a una resolución, es decir, el de una recomendación para los países miembros de Naciones Unidas. No obstante lo anterior, una resolución contribuye en parte, a la creación de una costumbre de derecho internacional, que posteriormente constituye una fuente del derecho. Sin embargo, su fuerza intrínseca radica en la naturaleza del tema que trata y la amplia difusión que el instrumento ha tenido en el mundo desde su aprobación, llegando a valorarse como el manifiesto donde están contenidos implícitamente todos los derechos humanos. Sin perjuicio de lo anterior, el universo de tales derechos no fue abarcado de manera concreta en el texto del documento, razón por la cual se generó la necesidad de elaborar una serie de instrumentos internacionales, que han desarrollado diversas áreas de la vida humana y que no fueron contemplados originalmente.

De esta manera, a partir de la década del sesenta surgieron convenciones internacionales respecto a diversos temas, tales como la discriminación racial, la discriminación contra la mujer, la tortura, los derechos del niño, la protección de los trabajadores migrantes, y en este nuevo siglo, sobre las desapariciones forzadas y las personas con discapacidad. Todavía se debate en el terreno multilateral lo tocante al derecho al desarrollo, la alimentación y la paz. Bajo el paraguas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se negociaron diversos instrumentos en la materia, como el Pacto de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobados por la Asamblea General en 1966.

En este marco, la antigua Comisión de Derechos Humanos otorgaba orientaciones generales, estudiaba problemas de derechos humanos, desarrollaba y codificaba nuevas normas internacionales y vigilaba la observancia de los derechos humanos en todo el mundo. En su calidad de principal órgano intergubernamental de formulación de políticas en el ámbito de los derechos humanos de Naciones Unidas, la Comisión estaba facultada para examinar la situación de los derechos humanos en cualquier parte del mundo, así como la información proveniente de los Estados, las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y otras fuentes de relevancia (Naciones Unidas, 2000: 256).

Con el fin de avanzar hacia mayores estadios de consolidación de los conceptos de promoción y protección de los derechos humanos, se establecieron mecanismos para hacer efectiva su vigencia. Para este efecto se conformaron grupos de expertos y relatores especiales, llegando estos últimos a constituirse en figuras relevante en aquellos lugares donde se necesitaba salvaguardar los derechos de los grupos más vulnerables de la sociedad. Así surge el concepto de salvaguardia, que el actual Consejo de Derechos Humanos ha asumido como fundamental, legislando sobre este mecanismo el año 2007, cuando se dictó el Código de Conducta para un mejor desempeño de esta labor.

Ante los precarios resultados de la Comisión de Derechos Humanos y las numerosas críticas, debido a su escasa operatividad y supuesta politización, y con el fin de fortalecer el sistema de protección internacional de los derechos humanos, desde el seno de Naciones Unidas se planteó la necesidad de suprimir la Comisión y sustituirla por un Consejo de Derechos Humanos, mejor organizado y más efectivo.

Los orígenes de este cambio hay que buscarlos en el proceso de reforma de Naciones Unidas, impulsado por el ex Secretario General, Kofi Annan, quien quiso otorgar una mayor importancia al tema de los derechos humanos en la actividad de la Organización.

Dos son los documentos inspiradores de este proceso: el Informe de Expertos de alto nivel sobre Amenazas, Desafíos y el Cambio, de 2003, y el Informe de 2005 In Larger Freedom. En ambos escritos se plantea la necesidad de continuar el trabajo de definición de estándares, empezado por la Comisión en el campo de los derechos humanos, así como el fortalecimiento de los mecanismos para su monitoreo y protección. En la primera década de este siglo, la Comisión de Derechos Humanos había llegado a un punto de quiebre. A pesar del trabajo realizado, la instancia se había vuelto un mecanismo insuficiente para garantizar el respeto de los derechos humanos en el mundo.

Frente a las críticas, en su informe de 2005 el entonces Secretario General Annan avanzó en la propuesta de reemplazar la Comisión con un nuevo Consejo, cuyo estatus y funcionamiento lo tornarían más fuerte y eficiente que su predecesora. La propuesta fue acogida por los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de Naciones Unidas en la Cumbre Mundial de 2005, donde se planteó la necesidad de fortalecer los derechos humanos como el tercer pilar de la Organización, junto a los temas de Paz y Seguridad internacionales y Desarrollo.

De este modo, se aprobó el 16 de septiembre de 2005 la creación de un Consejo de Derechos Humanos, responsable de promover el respeto universal de la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, estudiar situaciones de violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos y promover la coordinación eficaz y la incorporación de los derechos humanos en las actividades de todo el sistema de Naciones Unidas. De esta manera, el 15 de marzo del año 2006, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la creación del Consejo de Derechos Humanos, mediante la resolución A/RES/60/251.

Entre las novedades del Consejo, se cuenta el que los miembros del nuevo Consejo de Derechos Humanos son elegidos por una mayoría de 96 votos a favor, los que sirven por un período de tres años, sin poder ser reelegidos inmediatamente después de haber ocupado el puesto por dos períodos consecutivos. Los Estados deben comprometerse en mantener los máximos estándares de respeto de los derechos humanos y a someterse a revisiones periódicas por expertos de Naciones Unidas. En concreto, el Consejo es actualmente el principal foro la Organización para el diálogo y la cooperación en materia de derechos humanos. Se concentra en ayudar a los Estados miembros a cumplir con sus obligaciones por medio del diálogo, el desarrollo de capacidades y asistencia técnica. También puede hacer recomendaciones a la Asamblea General, con el fin de impulsar un mayor desarrollo del derecho internacional en el ámbito de los derechos humanos.

Durante las negociaciones de la resolución que creó el Consejo de Derechos Humanos, algunos países manifestaron sus aprensiones respecto del texto aprobado, en razón que no reflejaba adecuadamente sus intereses nacionales. El proyecto de resolución fue adoptado por 170 votos a favor, cuatro en contra (los de Estados Unidos, Israel, Palau y las Islas Marshall) y tres abstenciones (Irán, Belarus y Venezuela). Al explicar su voto en contra, el representante de Estados Unidos, Embajador John Bolton, expresó su escepticismo sobre el futuro del Consejo, pero manifestó el compromiso de este país a cooperar con otros Estados miembros para fortalecerlo y colaborar en su funcionamiento. Cuba por otro lado, criticó el texto de la resolución, pero lo votó a favor, mientras que Venezuela expresó distintas objeciones, pero no la votó en contra.

Antes de la votación Cuba hizo una declaración, planteando que el país votaría a favor de la resolución a pesar de que el texto final reflejaba los intereses de las potencias tradicionales, las que a su juicio se empeñaban en que siguiera prevaleciendo el enfoque punitivo y sancionador en esta nueva entidad.

Por su parte, Venezuela declaró antes de la votación que su posición era estar en contra, sin embargo se abstendrían, con el fin de no compartir la posición con Estados Unidos.4 Asimismo, Venezuela manifestó una clara aprensión sobre la actuación que tendrían las ONGs, detalladas en el párrafo decimotercero del texto. Esta posición era contraria a la sostenida por la Unión Europea, Islandia y Chile, quienes han mantenido la posición de acoger con beneplácito la incorporación del trabajo de las ONGs en la labor del Consejo, otorgándole una especial relevancia a su contribución en la promoción de los derechos humanos.

Una vez sometido el texto a votación, Estados Unidos declaró que su decisión de votar en contra obedecía a que no confiaban en que el texto asegurara que el Consejo de Derechos Humanos sería mejor que su predecesora. Sin embargo, apoyaría el esfuerzo por fortalecer el Consejo, esperando que se examinara con seriedad su estructura y su labor. Para los Estados Unidos el Consejo no debía dar lugar a países donde existieran pruebas objetivas de violaciones flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos, o en que se hayan aplicado sanciones de las Naciones Unidas debido a violaciones de estos derechos. Con el fin de sustentar una posición con mayor fundamento, el delegado norteamericano citó las palabras del Secretario General de Naciones Unidas Annan, quien sostuvo respecto del problema fundamental de la antigua Comisión, que en el pasado hubo Estados que se habían hecho miembros de la Comisión no para afianzar los derechos humanos, sino para protegerse contra las críticas o para criticar a otros.

Respecto del alcance que hiciera Estados Unidos sobre abstenerse de votar por un Estado candidato que haya sido sancionado por el Consejo de Seguridad por motivos vinculados a los derechos humanos, la Unión Europea, los países de la CANZ (Canadá, Australia y Nueva Zelandia), Japón, y otros Estados se comprometieron a mantener dicho lineamiento. En una posición contrapuesta declararon Sudán, India e Irán, que visualizaban en la relación entre el Consejo de Derechos Humanos y el Consejo de Seguridad una injerencia peligrosa de éste último, ante lo cual la Asamblea General debía tener la última palabra.

Por otra parte, los países miembros de la organización de la Conferencia Islámica manifestaron que distaban mucho de sentirse satisfechos con esta resolución, la que debería haber tenido referencias inequívocas, tanto en el preámbulo como en la parte dispositiva, respecto de los actos de incitación, odio e intolerancia religiosa. Esta declaración, efectuada por Yemen en nombre del grupo, expresaba el temor de estos países a que bajo el paraguas del principio de la libertad de expresión, los países musulmanes se sintieran menoscabados en sus creencias y particularidades culturales. Al mismo tiempo, los países de la Conferencia Islámica, junto a miembros del CARICOM (Caribean Community), China, Federación Rusa, Suiza e Israel -entre otros-, manifestaron la necesidad de evitar la politización, la selectividad y los dobles raseros del Consejo, actitudes que habían sido la característica principal de la Comisión, respecto de la adopción de resoluciones condenatorias a Estados que, por lo general, pertenecían al mundo en desarrollo.

Dentro de los temas que los países desarrollados lamentaron que no haya habido acuerdo, fue el estatus del Consejo, que no pudo ser elevado a la categoría de órgano Principal de Naciones Unidas y que los miembros fueran elegidos por una mayoría calificada de dos tercios. Por otra parte, la frustración mayor de los países en desarrollo fue que la entidad no pusiera más énfasis en un programa enfocado al desarrollo, tema que aún no puede ser consensuado, en particular respecto de la adopción de una resolución que establezca la existencia del derecho al desarrollo.

Las declaraciones efectuadas con ocasión de la votación de la resolución que le dio vida al Consejo, se orientaron a manifestar problemas específicos con los que conviven ciertos Estados. Las frustraciones de países desarrollados y en desarrollo se refieren a la distancia de ambos conglomerados con el punto medio que finalmente resultó de las negociaciones y que dejó con cierto descontento a muchos países. Sin embargo, el proceso constituyó un reflejo del esfuerzo con que los Estados se sentaron a dialogar y a buscar puntos de encuentro. El presidente de la Asamblea General en 2006, el sueco Jan Eliasson, terminó la jornada de votación, expresando que los Estados se deben responsabilizar de las actividades en la esfera de los derechos humanos, más allá de cuestionar si el tema tiene aún los ribetes de las constantes y tradicionales disputas entre los países del Norte y el Sur. En tal sentido, la resolución dejó establecido que la cooperación y el diálogo debían guiar los trabajos del Consejo, con el fin de lograr el progreso esperado.


Innovaciones introducidas con el nuevo Consejo de Derechos Humanos y sus consecuencias

La sustitución de la antigua Comisión de Derechos Humanos por el Consejo implicó cambios significativos en la estructura y funcionamiento del nuevo organismo, con el fin principal de responder a las acusaciones de politización de las que había sido objeto. Este nuevo organismo sería, de conformidad con el Art. 22 de la Carta, un órgano subsidiario de la Asamblea General y, por lo tanto, de una mayor jerarquía que la Comisión. No obstante, a este respecto el profesor Carlos Villán Durán lamenta que el Consejo no pueda informar igualmente de manera directa al Consejo de Seguridad, por cuanto existe una estrecha relación entre las violaciones masivas de los derechos humanos y el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales (Villán Durán, 2006: 2).

El Consejo sesiona un mínimo de tres veces por año, incluido un período de sesiones principal, con una duración total no inferior a diez semanas,5 lo que significa un cambio con respecto a la Comisión, convirtiéndolo en un órgano casi permanente. Estos hechos contribuyen a consolidar el énfasis en los derechos humanos promovido con la reestructuración de las Naciones Unidas. Asimismo, está compuesto por 47 Estados, considerando una representación geográfica equitativa. Los miembros son elegidos por períodos de tres años en votación secreta, por la mayoría de los miembros de la Asamblea General, no pudiendo ningún Estado miembro ser reelegido inmediatamente luego de dos períodos consecutivos.

Un asunto relevante que cabe subrayar, es que la distribución de los Estados Miembros en el Consejo facilita una efectiva rotación de todos ellos y evita que algunos Estados actúen de facto de manera permanente. En el pasado, China y Estados Unidos habían actuado como actores preponderantes, fiscalizando el respeto de los derechos humanos en otros Estados. El nuevo Consejo, al contemplar la participación de todos los países y al responder directamente a la Asamblea General, limita la posible ingerencia de poder por parte de los países más poderosos.

En la creación del Consejo de Derechos Humanos, y ante las críticas sobre la excesiva politización de la antigua Comisión, se introducen tres correctivos. Primero, al elegir a los miembros del Consejo los Estados deben tener en cuenta la contribución de los candidatos a la promoción y protección de los derechos humanos y las promesas y contribuciones voluntarias que hayan hecho al respecto. Segundo, se prevé que la Asamblea General podrá suspender por mayoría de dos tercios a todo miembro del Consejo que cometa violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos. Y tercero, los miembros del Consejo deberán defender las más altas exigencias en la promoción y protección de los derechos humanos, cooperar plenamente con el Consejo y ser examinados con arreglo al mecanismo del EPU durante su periodo como miembro.

Pese a lo anterior, y según destaca Carlos Villán Durán, cada una de estas innovaciones posee una dudosa eficacia. En el primer caso, la mencionada disposición favorecerá a los Estados más ricos, los cuales pueden aportar con más recursos al programa de derechos humanos de la Organización. En cuanto a lo segundo, la eficacia práctica sería reducida, considerando que se deja a una mayoría cualificada de la Asamblea General, muy difícil de conseguir, la determinación que un Estado cometa o no violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Respecto del tercer punto, Villán Durán sostiene que corresponde a una cláusula redundante, pues impone a los Estados miembros del Consejo las mismas obligaciones de comportamiento genéricas que ya poseen los Estados por el hecho de ser miembros de Naciones Unidas (Villán Durán, 2006: 2-3).

Por otro lado, la reducción del número de sus integrantes de 53 a 47 ha buscado aumentar su capacidad de actuar como foro y de llegar a decisiones consensuadas (New Zealand Ministry of Foreign Affairs and Trade, 2010: 28). Esta misma lógica se implementó para el nuevo Consejo Asesor, llamado a reemplazar a la Subcomisión de Derechos Humanos. Asimismo, la mayor relevancia del Consejo como un órgano directamente dependiente de la Asamblea General ha aumentado la capacidad de control de esta última. De esta forma, los miembros ya no serían elegidos por la mayoría de los 54 integrantes del ECOSOC, sino por la Asamblea General al reunir un mínimo de 96 votos a favor.

A la Asamblea General también le corresponde confirmar o rechazar en última instancia, las decisiones del Consejo con respecto a la membresía de algunos países o de las declaraciones que emita, entre otros. Finalmente, el método de elección abierto e independiente, por países, aseguraría una competencia leal entre los candidatos y una toma de decisión transparente, mientras la rotación de sus integrantes buscaría reafirmar el proceso de democratización en el que se ha encaminado este organismo.

La Asamblea General, por el voto de los dos tercios de sus miembros presentes y votantes, puede suspender los derechos inherentes a formar parte del Consejo de Derechos Humanos a un Estado que cometa graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos. La suspensión de un miembro del Consejo de Derechos Humanos la resolverá la Asamblea General, sin la intervención del Consejo de Seguridad.

Asimismo, el Consejo de Derechos Humanos cuenta con un Comité Asesor como organismo subsidiario, que está compuesto por 18 expertos que se desempeñan a título personal, elegidos mediante el sistema de distribución geográfica. El Comité asesora al Consejo, mediante el aporte que los miembros otorgan con su experiencia, estudios e investigaciones.


Estructura y relación con otras instituciones

El Consejo de Derechos Humanos está formado por 47 miembros, electos de acuerdo con los grupos geográficos que representan. La distribución es la siguiente: 13 asientos para África, 13 para Asia y el Oriente Medio, ocho para Latinoamérica, seis para Europa del Este y siete países de Europa Occidental más Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Un cambio importante desde la entrada en vigencia del Consejo es el relativo a su ubicación en relación a los organismos de Naciones Unidas: durante su período de funcionamiento la Comisión de Derechos Humanos estaba bajo la jurisdicción del ECOSOC. Esta situación fue modificada, por lo que ahora el Consejo de Derechos Humanos tiene dependencia directa de la Asamblea General. Este nuevo nivel, le entrega al organismo una relevancia mayor y por tanto un grado de relación y de ingerencia superior en sus ámbitos de competencia. Aunque en esta línea, cabría considerar que el Consejo al tener la categoría de órgano subsidiario de la Asamblea General, carece de la visibilidad política de la categoría de órgano principal, que posee el Consejo de Seguridad o el ECOSOC.

Como parte del sistema de Naciones Unidas, el Consejo de Derechos Humanos se relaciona con otros organismos, tales como la Secretaría General, por cuanto de ella emanan las políticas, pero especialmente porque su tarea es brindar apoyo a todos los organismos de Naciones Unidas; el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), en razón de que su labor directa con los refugiados se relaciona con la agenda del Consejo en temas sobre discriminación, racismo y xenofobia; la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR); y la UNESCO, organismo que desarrolla estrategias de recomendación para la implementación de la temática de los derechos humanos en los currículos de escuelas, colegios y universidades de los países miembros, entre otros.


El Examen Periódico Universal (EPU)

Una de las reformas más relevantes del Consejo de Derechos Humanos se relaciona con los mecanismos de los que dispone esta nueva entidad. La anterior Comisión disponía de procedimientos de revisión temática o por países que se realizaban mediante relatores especiales, expertos independientes y grupos de trabajo. Estos mecanismos han sido conservados por el nuevo Consejo, que ahora además dispone de uno adicional de revisión periódica de todos los países, el denominado Examen Periódico Universal (EPU). Este nuevo mecanismo será evaluado luego de cinco años de su creación por la Asamblea General, cuando todos los países hayan presentado sus informes en dicho Examen en 2012.

Los informes periódicos universales son uno de los aspectos de cambio más importantes de este Consejo, por cuanto todos los países, sin exclusión, deben presentarlo y su preparación contempla la información suministrada por los distintos gobiernos sobre los avances, obstáculos y grados de comprensión de la temática de los derechos humanos. Según la resolución A/RES/60/251, el mecanismo garantiza la universalidad del examen y la igualdad de trato respecto de todos los Estados, basándose en un diálogo interactivo, con la plena participación del país de que se trate y teniendo en consideración sus necesidades en relación con el fomento de la capacidad.

Adicionalmente, el informe contiene dos partes importantes que son, por un lado la compilación de los informes de los comités realizados a partir de la información que suministran los Estados de manera obligatoria6 , y por otro, las perspectivas de la sociedad civil, lo que representa un importante avance, considerando que en el marco internacional sólo se contemplaba anteriormente la perspectiva de los Estados. En el caso de los países que no respeten los derechos humanos o sean responsables de violaciones graves y repetidas a éstos, se establece que podrán ser marginados del Consejo.

Otra de las novedades que involucra el EPU, se relaciona con el que todos los países firmantes deben presentarse una vez en un período de cuatro años para una revisión exhaustiva de su situación interna. Es así como por primera vez en la historia de Naciones Unidas, los países tradicionalmente poderosos –miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, Canadá, entre otros, son analizados y estudiados respecto de su situación interna en materia de derechos humanos.

Tales innovaciones representan un avance histórico en el fortalecimiento del sistema de protección internacional de los derechos humanos, un avance en la democratización de Naciones Unidas, así como el impulso y fortalecimiento de la cooperación en el seno de la Organización en pos de dar una respuesta de manera eficaz a las violaciones y amenazas a los derechos humanos en el mundo entero.

Dentro de los principales criterios que se utilizan para la evaluación del EPU, se encuentran los siguientes:

• La ratificación de instrumentos internacionales de derechos humanos.
• El levantamiento de reservas a tratados de derechos humanos.
• La extensión de invitaciones abiertas y permanentes a los Procedimientos Especiales, para asegurar el desarrollo normativo temático.
• La eliminación de la práctica de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.
• Las acciones para erradicar todas las formas o manifestaciones de discriminación y violencia contra la mujer e igualdad de oportunidades.
• La protección de los derechos del niño y la niña, violencia, trata y responsabilidad penal juvenil.
• El asegurar el pleno ejercicio de la libertad de expresión y asociación.
• La abolición de la pena de muerte y/o establecimiento de una moratoria y;
• La creación de instituciones nacionales de derechos humanos.

El calendario del EPU se inició en 2008, con la Primera Sesión. En cada sesión son revisados 16 Estados. Cada país es revisado por una troika, compuesta por tres países elegidos previamente, que funcionan como relatores. El calendario contempla la revisión de todos los Estados en un período que va entre la 1° sesión, en 2008, hasta la 12° sesión del año 2011.

En la línea de lo sostenido a lo largo de este trabajo, especialmente relevante ha sido la celebración del 9° período de sesiones del EPU, celebrado entre el 1 y el 12 de noviembre de 2010, por cuanto, entre otros países, en ella fue revisada la situación de los derechos humanos en Estados Unidos.7 Este país presentó su primer Informe Nacional en un escenario de gran expectación.8 El Informe redactado por el Departamento de Estado destacaba los logros que ha tenido Washington para asegurar que todos los estadounidenses sean iguales ante la ley. No obstante, se reconoce que queda mucho por hacer. Entre las principales recomendaciones que recibió el país se destacan las siguientes: Cierre de la prisión de Guantánamo; se demandó la abolición de la pena capital vigente en algunos Estados del país; se manifestó preocupación por la agenda migratoria; y se recomendó que Estados Unidos prohíba el uso de estereotipos o perfiles raciales en la aplicación de la ley migratoria.

Asimismo, la mayoría de las delegaciones instaron a Estados Unidos a ratificar tratados internacionales, entre los que destacan el Estatuto de Roma, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Como respuesta a las recomendaciones, Estados Unidos anunció que éstas serían analizadas y que pronto éste país otorgaría una respuesta a las consideraciones expresadas sobre el particular.

De ello se desprende que, en gran parte, la fortaleza y legitimidad del futuro órgano dependerá de la exitosa implementación del nuevo mecanismo de revisión periódica, así como de la voluntad política de los países. De todos modos, el mismo hecho que Estados Unidos se haya sometido al procedimiento, demuestra el importante grado de democratización e imparcialidad que ha ganado la comunidad internacional con el nuevo organismo.


Agenda del Consejo de Derechos Humanos

Los temas generales de la agenda del Consejo de Derechos Humanos fueron concebidos durante su creación y se vienen precisando durante las sesiones de trabajo. Los siguientes son los puntos sustantivos de la Agenda del Consejo de Derechos Humanos: Promoción y Protección de los Derechos Humanos; Derechos económicos, sociales y culturales; Derechos civiles y políticos; Derechos de las personas y grupos específicos e individuales; Temáticas transversales de derechos humanos; Situaciones de derechos humanos que requieren de la atención del Consejo; Derecho al desarrollo; Cuerpos y mecanismos de los derechos humanos, el EPU; Situación de los derechos humanos en Palestina y los otros territorios árabes ocupados; Conferencias y cumbres de las Naciones Unidas relativas a los Derechos Humanos, Racismo, discriminación racial, xenofobia y formas relacionadas de intolerancia, seguimiento e implementación de la Declaración y el Programa de Acción de Durban; la Declaración y el Programa de Acción de Viena; y Seguimiento de las decisiones del Consejo de Derechos Humanos.

El Consejo funciona como una serie de interrelaciones de grupos encabezados por un país líder que, en un sentido positivo (si impulsa) o negativo (si frena), es capaz, gracias a los recursos de poder de que dispone, de agrupar a su alrededor a los países menores. Los países que lideran estas iniciativas no corresponden necesariamente a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sino que dependen del tema específico que eventualmente se trate. En ocasiones, ciertos países con liderazgo en torno a determinados temas son capaces de encabezar iniciativas a nivel regional.

Dentro de los países que destacan en el marco de los grupos regionales, se puede identificar a Egipto y Sudáfrica en los Estados africanos; Brasil y México en América Latina; China, India Japón y Arabia Saudita en los Estados asiáticos; Francia y Gran Bretaña en el grupo de la Unión Europea y Otros; mientras que en el grupo de los países del Este de Europa, destaca especialmente Rusia. Estos países lideran y ejercen algún grado de poder en sus respectivos grupos, ya sea para impulsar iniciativas como para protegerse de ellas.

Algunos Estados actúan bajo una lógica pragmática, mediante el uso indiscriminado de debates que dilatan la adopción de consensos. Por otra parte, Estados fuertemente cuestionados por las violaciones a los derechos humanos, como es el caso de China, por cierto que prefieren pertenecer al Consejo, tal vez no con la convicción de cambiar sus conductas, sino como medio de resguardo en la medida que pueden ejercer cuotas de poder dentro del mismo.

Por otra parte, un actor importante que resalta es Estados Unidos, país que a pesar de haber votado en contra de la creación del Consejo –durante la presidencia de George W. Bush-, se ha comprometido formalmente en apoyar su quehacer. Lo anterior tiene importantes consecuencias, si se considera que las autoridades estadounidenses han expresado en variadas ocasiones su postura contraria, no sólo a las instituciones internacionales que interfieran con sus intereses nacionales, sino especialmente con Naciones Unidas (véase Remiro Brotóns, 2003). La crítica de Estados Unidos respecto de los reales aportes de la Organización no sólo se relaciona con el aporte económico de este país al presupuesto de Naciones Unidas, sino que va más allá, considerando que muchas de las resoluciones que adopta son contrarias a sus intereses nacionales, transformándose luego en principios de derecho internacional. Sin embargo, la administración Obama ha otorgado señales claras de apoyo a la labor del Consejo, así como a las tendencias generales de la política multilateral global.

Por último, cabe señalar que el Consejo aborda diversos temas de derechos humanos, que son impulsados por diferentes Grupos de Trabajo, a saber: Grupo de Trabajo sobre el Derecho al Desarrollo; Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre la Aplicación Efectiva sobre la Declaración y el Programa de Acción de Durban; Grupo de Trabajo de Expertos sobre las personas de Ascendencia Africana; Comité Ad Hoc sobre la Elaboración de Estándares complementarios y el Proceso Abierto del Grupo de Trabajo sobre un Protocolo Facultativo a la Convención sobre los Derechos del Niño.


Materias prioritarias que son motivo de reflexión y búsqueda de consensos

Entre las variadas materias que se han analizado en el Consejo de Derechos Humanos, una de las que resalta con más fuerza se refiere a la participación efectiva de las minorías en la vida social, económica y política de los Estados. A este respecto, cabe sostener que la exclusión de las minorías sigue preocupando a la comunidad internacional. La participación de estos grupos en la vida económica, particularmente en tiempos de crisis, corresponde a una condición esencial para mejorar los niveles de inclusión. Cuando las minorías tienen la oportunidad de contribuir con su trabajo, creatividad y habilidades empresariales, las sociedades se benefician importantemente. Asimismo, se debe plantear que la plena participación de las minorías debe ser enfocada desde una perspectiva de derecho, como un componente clave en la construcción de sociedades equitativas y estables.

Otro tema que destaca es la necesidad de incrementar la eficiencia del Consejo de Derechos Humanos. Sobre el particular, hay que subrayar que la efectividad del Consejo no sólo debe tratarse bajo la perspectiva de un ejercicio procesal. Por tal motivo, se requiere ampliar los plazos para las consultas y aumentar la disponibilidad de los recursos en razón de las implicancias financieras que conlleva la implementación de algunas resoluciones.

Asimismo, se necesita orientar la labor del Consejo de Derechos Humanos hacia el aumento del impacto de su trabajo a nivel nacional. En este sentido, cabe subrayar que resulta indispensable que la acción del Consejo genere mejoras en los estándares nacionales, mediante el impulso de instrumentos legislativos y programas concretos. Sobre este aspecto, es dable recalcar que la labor debiera contemplar los aspectos normativos, culturales y la voluntad política de los Estados. Se hace necesario también aumentar la cooperación técnica con el fin de mejorar las capacidades de los países.

Por último, también resalta como tema el mejoramiento de la acción del Consejo en países específicos, en situaciones de emergencia. En este punto, se debe señalar que, a pesar de que el EPU ha sido una contribución enorme a la reducción de la selectividad y la politización del tema de los derechos humanos en el mundo, la polarización de la antigua Comisión aún subsiste. Este tema requiere de un enfoque que integre la cooperación y el diálogo constructivo con los países involucrados, así como de la utilización de las herramientas con que cuenta el Consejo para hacer frente a situaciones de emergencia, ante la necesidad de incrementar la cooperación técnica y el fomento de capacidades.


Primer proceso de Revisión del Consejo de Derechos Humanos

Conforme a lo establecido en la resolución A/RES/60/251, que estableció la creación del Consejo de Derechos Humanos, se inició en Ginebra, a principios de 2010, y en Nueva York, en diciembre del mismo año, el proceso de revisión del organismo referido al estatus del mismo. La pretensión de una gran cantidad de Estados era elevar la categoría del Consejo desde ser un órgano subsidiario de la Asamblea General a ser un órgano principal – autónomo- del sistema de Naciones Unidas, para lo cual se requiere, por cierto, una modificación de la Carta de Naciones Unidas.

Este proceso estuvo liderado por dos co-facilitadores, los Representantes Permanentes ante Naciones Unidas de Liechtenstein y Marruecos. En la ocasión se conformaron varios grupos denominados like-minded, los cuales agruparon a Estados que comparten intereses y puntos de vista respecto del futuro del organismo. Por ejemplo, los grupos integrados por países árabes, africanos y la Conferencia Islámica tuvieron una participación importante con una visión conservadora respecto de lo que debiera ser el funcionamiento del Consejo, quitándole posibilidades de desarrollo mediante el otorgamiento de mayores atribuciones. Junto a estos grupos, compartieron visiones conservadoras un grupo trans-regional liderado por la Federación Rusa e integrado por Cuba, Bolivia, Nicaragua -entre otros-, que presentaron posiciones alejadas del espíritu inicial de la revisión. Se rechazó de plano la propuesta de realizar una presentación pública de los compromisos de los Estados, que incluyera opiniones de la sociedad civil. Esta propuesta no intentaba establecer nuevos criterios respecto de la membrecía al organismo, sino operacionalizar el párrafo operativo 8 de la resolución 60/251.

Respecto de los compromisos que los Estados miembros manifiesten respecto de la promoción y protección de los derechos humanos, indicados en el párrafo 8 de la mencionada resolución, cabe subrayar que la Asamblea General, por mayoría de dos tercios, suspendió a Libia su membrecía en el Consejo en marzo de 2011, mediante la resolución A/RES/65/265, por violaciones graves y sistemáticas a los derechos humanos.

Este proceso de revisión del Consejo, establecido en el párrafo operativo 16 de la resolución A/RES/60/251, no logró consensuar un cambio en el estatus del organismo, sin embargo, se dejó abierta la posibilidad de volver a plantear el tema de su jerarquía.

El segundo ciclo para efectuar el EPU se llevará a cabo entre 2012 y 2016. Una vez se vuelvan a revisar todos los Estados de Naciones Unidas. Los países de corte más liberal, entre los que se cuentan los integrantes de la Unión Europea, y algunos latinoamericanos, esperan poder realizar una segunda revisión con la esperanza de perfeccionar este organismo y elevar su estatus al de órgano principal de Naciones Unidas. De acuerdo a lo establecido en la Cumbre de 2005, que generó el proceso de establecimiento del Consejo de Derechos Humanos, se definieron tres pilares fundamentales donde descansa el bienestar general del mundo, la paz y seguridad internacionales, el desarrollo y los derechos humanos. Este último, requiere de un órgano especializado que vele por el perfeccionamiento de las normas que regulan y resguardan la convivencia humana.


Conclusiones

La creación del Consejo de Derechos Humanos representa indudablemente un cambio en el énfasis que quiere otorgar Naciones Unidas al tema de los derechos humanos. En las expectativas de sus impulsores, se espera que el nuevo organismo contribuya a la resolución de los problemas de ineficacia y politización que afectaron a su antecesora. Adicionalmente, con ello se busca dar un enfoque de universalidad y transversalidad al tema de los derechos humanos.

La paulatina consolidación de la estructura de los informes del EPU ha sido fundamental para el fortalecimiento del Consejo y su afirmación como órgano de referencia en el ámbito de los derechos humanos. Desde el punto de vista de la realización de los informes y de las recomendaciones que han surgido, resulta notable el avance y el sometimiento de los Estados ante las recomendaciones que se les han realizado. Un caso paradigmático ha sido el de Estados Unidos, que presentó su Informe el año 2010. El apoyo estadounidense resulta fundamental para cualquier iniciativa que se intente llevar a cabo en el seno de la comunidad internacional. Sin duda, la administración Obama ha tenido una importante cuota de responsabilidad a este respecto.

Por otro lado, el Consejo -dentro del sistema de Naciones Unidas- está marcando una pauta que, puesta en perspectiva, puede resultar en un antecedente relevante para toda la Organización. Mediante este Consejo se ha instalado con fuerza un criterio universal geográfico más representativo y democrático, así como integrador de los países menos adelantados, que seguramente se considerará en la reestructuración de Naciones Unidas.

Asimismo, la efectiva participación de la sociedad civil en la elaboración de los informes, se reconoce como un gran logro, pues permitirá formalizar la visión de una importante parte de la sociedad en un escenario global al que se han agregado con fuerza nuevos actores internacionales y transnacionales. También es una tarea en la que se debe avanzar mediante la educación y la información de forma trasversal a toda la sociedad, pues corresponde a una parte crucial del informe.

Pese a lo anterior, todavía numerosos países ven con cierto recelo al Consejo de Derechos Humanos, al que perciben como un instrumento que valida una mirada occidental en estas materias. Al mismo tiempo, se visualiza que aún persisten concepciones tradicionales respecto de la soberanía de los Estados, en particular, en aquellos países con menores niveles de apertura, como es el caso de algunos países del medio y lejano Oriente. Los sucesos que se experimentan al interior de estos países son concebidos en éstos como dominio exclusivo de las autoridades nacionales, donde el rol de la sociedad es limitado y muchas veces controlado. Por lo anterior, estos países son reticentes a la incorporación de las ONGs en los debates y opiniones al interior del organismo, debido al recelo que les producen y el prejuicio respecto de su concepción ideológica y sus poco claras fuentes de financiamiento.

En cuanto a los resultados de la primera revisión del Consejo de Derechos Humanos, se logró mantener la fórmula consagrada en la resolución que lo creó, la que otorga la oportunidad de volver a plantear el tema del estatus de la entidad en una segunda revisión, la cual se efectuará en 2016. Lo anterior, tomando en cuenta la férrea oposición que mantuvieron los países más conservadores, entre los que se encuentran Estados africanos, árabes y algunos latinoamericanos.

El desafío futuro del Consejo es entrar en una negociación substantiva sobre el avance en los estándares internacionales, evitando el retroceso y estimulando respuestas que mejoren la efectividad de éste, con el fin de reforzar su propia legitimidad y la del sistema de Naciones Unidas como un todo.


Notas

* Este trabajo es de exclusiva responsabilidad de los autores y no representa la opinión del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Un avance de esta investigación se encuentra en Acevedo y Riquelme (2011).

1 Según se establece en dicho documento, las negociaciones deben conducirse de buena fe; los Estados deben tener en cuenta la importancia de participar de modo apropiado; el propósito y objeto de todas las negociaciones debe ser compatible con los principios y normas del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas; los Estados deben adherir a un marco acordado mutuamente y esforzarse por mantener una atmósfera constructiva y abstenerse de toda conducta que pueda afectar las negociaciones y sus progresos; los Estados deben facilitar la búsqueda o conclusión de sus negociaciones manteniéndose concentrados en los objetivos principales y; los Estados deben emplear sus mayores esfuerzos para continuar trabajando por una solución justa y aceptable.

2 Generalmente estas peticiones se efectúan cuando algún Estado se encuentra ante presiones internas o de normas nacionales, que impiden aceptar algunas acciones propuestas. Por ello, los negociadores piden una mayor flexibilidad o el intercambio de apoyos en otras cuestiones.

3 En el Considerando 3 de la Declaración del Milenio (A/RES/55/2, del 13 de sep. de 2000), se deja constancia de lo siguiente: “Reafirmamos nuestra adhesión a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, que han demostrado ser intemporales y universales. A decir verdad, su pertinencia y su capacidad como fuente de inspiración han ido en aumento conforme se han multiplicado los vínculos y se ha consolidado la interdependencia entre las naciones y los pueblos”.

4 El texto que recoge las declaraciones de los países (A/60/PV.72), se encuentra disponible en URL:http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N06/272/63/PDF/N0627263.pdf?OpenElement Recuperado en julio de 2011.

5 Resolución A/RES/60/251 de la Asamblea General, Párrafo Operativo 10.

6 Dichos informes son compilados por la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

7 Los otros países revisados en la ocasión fueron Liberia, Malawi, Mongolia, Panamá, Maldivas, Andorra, Bulgaria, Honduras, Islas Marshall, Croacia, Jamaica, Libia, Micronesia, El Líbano y Mauritania.

8 Estados Unidos tuvo como relatores a Camerún, Francia y Japón. Los Informes de Naciones Unidas y de las ONG sobre la situación de los derechos humanos en Estados Unidos están disponibles en URL:
http://www.ohchr.org/ENHRBodies/UPR%5CPAGES%5CUSSession9.aspx Recuperado en diciembre de 2010.


Bibliografía

Acevedo, Irene y Jorge Riquelme (2011), “Los derechos humanos y los nuevos mecanismos en Naciones Unidas”. En Iberoamérica, N°2.

Figueroa, Uldaricio (2010), Organismos Internacionales, Tomo I. Ril Editores, Santiago de Chile.

Morandé, José (2004), “Notas y alcances sobre el Estado-nación en la política mundial del presente: una reflexión desde las Relaciones Internacionales”. En Estudios Internacionales, Nº 145.

Naciones Unidas (2000), ABC de las Naciones Unidas. Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, Nueva York.

New Zealand Ministry of Foreign Affairs and Trade (2010), United Nations Handbook 2009-2010. Forty-seventh edition, Wellington.

North, Douglass (1990), Institutions, Institutional Change and Economic Performance. Cambridge University Press, New York.

Remiro Brotóns, Antonio (2003), “¿Nuevo orden o derecho internacional?”. En Claves de Razón Práctica, N° 132.

Villán Durán, Carlos (2006), “Luces y sombras del nuevo Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”. En Eikasia. Revista de Filosofía, N° 4.

Zalaquett, José (2010), “Los fundamentos de los derechos humanos, su evolución y los desafíos actuales”. En Cuadernos de Difusión (Centro de Estudios Internacionales CEIUC), N°6, año 3.


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Recibido: 14.01.2011 Aceptado: 14.09.2011

sábado 27 de agosto de 2011

LOS PARTIDOS POLITICOS EN EL PERU



Después de la independencia el 28 de julio de 1821, el Perú fue gobernado por aquellos militares victoriosos de las batallas de Junín y Ayacucho, lo que luego daría inicio a la primera etapa del Perú Republicano cuya característica fue el caudillismo militar. Los caudillos militares tuvieron el poder desde 1827, cuando Simón Bolívar y sus tropas abandonaron el Perú, hasta 1872 en que Manuel Pardo y Lavalle sería electo como el primer presidente civil del Perú. Antes de las elecciones de 1872, donde se desarrollaron los comicios más importantes de la historia (al fin un civil tomaba la dirección del país), generales, coroneles y mariscales de estos primeros años de la República gobernaron el Perú, entre gobiernos liberales y conservadores.

Para el historiador Jorge Basadre, la historia de los partidos políticos en el Perú comienza a partir del 10 de enero de 1822, con la Sociedad Patriótica, fundada por el general San Martín y Bernardo de Monteagudo. La sociedad Patriótica sería el punto de partida. Aparecen para esta época los primeros pensadores de la Independencia (los llamados ideólogos) y se discute si el Perú debe ser República o Monarquía. Los partidos políticos propiamente dichos no se hallan aún estructurados. Las polémicas entre los ideólogos de la época inicial de nuestra emancipación no significa necesariamente el nacimiento en nuestro país de los partidos políticos. Las polémicas entre las ideas liberales y conservadoras se desenvuelve en los diarios, que dicho sea de paso, jugaron un papel importante en ese tiempo. El periódico se convierte en el vehiculo por el cual se estará formando las ideas de Nación e identidad:


“La historiografía de los modernos estados-nación en América apareció en y con los periódicos. Por eso las primeras imágenes de la historia, las poligrafías individuales del tipo de las de Lucas Alamán (México), José Toribio Medina (Chile), Gabriel René Moreno (Bolivia), Mariano Paz Soldán (Perú) y cuantos fundaron las historiografías nacionales y americanas, partieron de los periódicos” (9)

A comienzos de la República se perciben corrientes constitucionales o doctrinales como el liberal que se expresa en las constituciones de 1823, 1828, 1834, 1856 y 1867, la de 1826 fue conservadora.

CASTILLA, VIVANCO Y ECHENIQUE

En 1851 se dan unos comicios especiales. El Mariscal Ramón Castilla culminaba en abril de ese año y las elecciones que convocó serían históricas, porque son las primeras elecciones que se realizan en la República guardando todas las formalidades de la ley.



“Anteriormente las asambleas legislativas habían elegido al presidente (casos de Riva Agüero, Agustín Gamarra y José Orbegoso) o las elecciones habían sido nada más que una comedia o formalismos para consagrar una preexistente situación de hecho (casos de Gamarra en 1829 y 1839, y aún del propio Castilla en 1845)” (10)

En dichas elecciones se dan ya todos los ingredientes que actualmente se ven en un proceso electoral: pluralidad de candidatos, propaganda y campañas políticas. Aparecen muchos candidatos por querer llegar al poder, se observa un despliegue de propagandas electorales que se inicia en el periodo de 1951. Rufino Echenique y Manuel de Vivanco utilizan los periódicos como propaganda para sus campañas y sus polémicas. Mientras Echenique contaba con el periódico “El Rímac”, Vivanco tenía “El Nacional”, en el que llega a colaborar Manuel Atanasio Fuentes, el famoso Murciélago. Entre los candidatos estaban el general José Rufino Echenique, el general Manuel Ignacio de Vivanco, Domingo Elías (que era el único candidato civil, pero nunca plasmó un verdadero partido político), los generales San Román, Bermúdez y Gutiérrez de la Fuente. Aún no hay partidos formalmente establecidos. Los historiadores sólo hablan del Club Progreso (que alienta la candidatura de Domingo Elías) que es el primer ensayo de un posible partido político. Echenique es nombrado presidente y Ramón Castilla le da un golpe de estado sacándolo de Palacio de Gobierno en febrero de 1854. Castilla inició su segundo periodo presidencial bajo el nombre de “Gobierno de la moralidad”. Castilla establece el sufragio directo donde el pueblo será quien elija a su candidato (fue una especie de sufragio universal). Anteriormente los candidatos eran elegidos por el llamado Colegio Electoral.



EL CIVILISMO, LOS MILITARES Y LA ARISTOCRÁCIA

En 1871 se inicia formalmente la historia de los partidos políticos en el Perú, porque nace el Partido Civil. El partido Civil tuvo su antecedente en 1871 con la formación de una sociedad denominada “Independencia Electoral”, donde el personaje más destacado fue Manuel Pardo y Lavalle, quien agrupará a las fuerzas populares, la juventud intelectual, profesionales y elementos vinculados a las actividades económicas.



“como el proyecto de Sociedad Independencia Electoral, antecedente y matiz del partido Civil, nació un ideario republicano de corte nacionalista, concientemente construido. El novedoso frente político estaba constituido por una vanguardia socialmente heterogénea en la que convergían junto con los ricos propietarios, hacendados y comerciantes de Lima, Trujillo, Arequipa, Cuzco, Puno y de la sierra central; intelectuales, profesionales medios, universitarios, periodistas, profesores, artesanos y pequeños agricultores” (11)

El Partido Civil fue una agrupación que enfrentaría a los coroneles, generales y mariscales, como lo eran Castilla, Balta y Echenique, eso motivó a que se adhirieran muchos limeños y provincianos. La idea era concretar la ansiada República, es decir, lo que los liberales y conservadores no pudieron hacer tras largos debates desde la época de la independencia (Mc Evoy)

El Partido Civil, y su candidato Manuel Pardo y Lavalle, ganaron las elecciones de 1872, iniciándose la etapa conocida como el Primer civilismo, es decir, los civiles llegaron a tener el control del Estado. Es un periodo en el que se puso fin a un largo predominio de los militares que había comenzado en 1827. Algunos militares se mostraron contrarios a éste presidente elegido, por lo que se sublevaron el 22 de julio de 1872. Los autores fueron los hermanos Gutiérrez. En sus albores, el partido Civil recogió parte del programa liberal. Incentivaron la descentralización, divulgaron la educación, la organización milicia de los ciudadanos, implantaron registros civiles, etc. La medida más importante que tomó ese gobierno fue la ley del Estanco del Salitre, mediante el cual el Estado peruano controlaría el recurso. Su programa podría sintetizarse en “La república práctica” o “La república de la verdad”. A Pardo le tocó gobernar en la época del guano y del salitre. El primer civilista del Perú culmina su gobierno en 1876.


“Piérola (…) es uno de los principales críticos de la política económica del gobierno (…) se hace un censo general, que es el primer censo oficial que se realiza en el Perú Republicano” (12)

Se convocó a elecciones presidenciales siendo elegido presidente Mariano Ignacio Prado con respaldo civilista. El 2 de agosto de 1876 Mariano Ignacio Prado asume el gobierno y en ese corto periodo se produce un frustrado levantamiento (de Nicolás de Piérola) de carácter golpista, se produce la quiebra de la economía peruana y el asesinato de Manuel Pardo y Lavalle. Finalmente, a Prado le sorprende el estallido de la Guerra contra Chile.

En julio de 1884 fue fundado el Partido Demócrata encabezado por Nicolás Piérola que afirmaba rechazar un pacto con el general Miguel Iglesias. Piérola fundó en 1882 el Partido Nacional, pero debido a discrepancias internas decide retirarse y fundar el Partido Demócrata. De otro lado, los civilistas se opusieron radicalmente a Iglesias por haber cedido el salitre a Chile que ellos mismos proyectaban administrar. Los civilistas más tarde se aliaron al partido Liberal fundado en 1901 por Augusto Durand Maldonado y que presidió José Maria Quimper. Este grupo aliado buscó el acercamiento del “Brujo de los Andes”, Andrés Avelino Cáceres, que declaró su rebeldía frente al gobierno de Iglesias. Cáceres funda el partido Constitucional en 1882

Luego de la guerra contra Chile, Miguel Iglesias asume el mando en el Perú. Los principales hechos del gobierno de Iglesias (1883 - 1886) fueron la convocatoria a una Asamblea Constituyente de 1884 que sólo promulgó la constitución del ‘60 y que a pesar de proponer elecciones no pudo detener la guerra civil contra Cáceres. Entre 1886 y 1890, el héroe de la Breña gobernó constitucionalmente el Perú. Afirma Basadre:


“Durante la administración de Cáceres de 1886 a 1896, el orden público no fue alterado por ninguna conspiración o subordinación. Hubo dificultades para el periodismo de oposición, sobre todo en relación con el contrato Grace”

Ahora, ¿quién sucedió a Cáceres en el poder? Remigio Morales Bermúdez. Morales Bermúdez fue el vicepresidente de Cáceres, gozó del apoyo del héroe del Breña. Su partido constitucionalista dividido se inclinaba por el civilista Francisco García Calderón, pero este se disputaba el título de opositor al popular `califa´ del partido Demócrata: Nicolás de Piérola. Pero fue apresado por los militares por su desastrosa dictadura y cercanías a los intereses chilenos en la Guerra de 1879. Durante su mandato se da la ley de elecciones municipales y en esta coyuntura, Manuel Gonzáles Prada funda la Unión Nacional, grupo de extrema izquierda por su posición anticlerical y anticapitalista.

En 1894 debían realizarse elecciones disputadas entre los partidos Constitucional de Cáceres, el Partido Civil y el Demócrata de Piérola. Pero en marzo de 1894 cayó enfermo el presidente Morales Bermúdez y el primero de abril falleció, le correspondía el gobierno provisional al primer vicepresidente, Pedro Alejandrino del Solar, pero Cáceres intervino para que recayera sobre el coronel Justiniano Borgoño, a quien Del Solar acusó de ilegal y usurpador. Borgoño dirigió una Junta de notables en reemplazo de municipios y convocó elecciones presidenciales fraudulentas que favorecieron a Cáceres.

Las fuerzas políticas contrarias al militarismo (civilistas, liberales y demócratas) formaron una Coalición en marzo de 1894 desatándose una guerra civil. En marzo de 1895 Piérola se lanzó sobre Lima, Cáceres entregó el poder a la Junta presidida por Manuel Candamo y finalmente entregó el poder a Piérola, que no fue civilista. Debemos tener en cuenta que la República Aristocrática (fue Jorge Basadre quien denominó a esta etapa de la historia peruana) vendría a ser el segundo civilismo, continuación formal del gobierno iniciado en 1872 por Manuel Pardo y Lavalle. Nicolás de Piérola estaba ligado al partido Demócrata y no al Civil, aún cuando se unió a este último partido lográndose la conformación de la “Coalición Nacional” que derrotó a Cáceres pues se había aferrado al poder. Piérola no inicia la República Aristocrática, sino su sucesor: Eduardo López de Romaña.

En 1902 comienza la agitación electoral. Los partidos políticos tradicionales buscan nuevas alianzas para tener éxito en la contienda que se avecina; demócratas y civilistas caminan ya por su cuenta. Los civilistas con los constitucionalistas; los demócratas se han unido al Partido Liberal que ha fundado uno de sus viejos militantes: Augusto Durand. (Piérola está llamado a ser candidato pero lo rachaza, es así que el Partido Demócrata no participa en esas elecciones). Ausentes los demócratas, los otros partidos de oposición se aúnan en el llamado Partido Federal. Aquí se juntan la Unión Nacional de González Prada, el partido liberal que encabeza Augusto Durand y un pequeño grupo de los constitucionalistas de Cáceres. Estos federalistas eligen como candidato al coronel Fernando Seminario. Los civilistas ganan las elecciones y Manuel Candamo asume el gobierno el 8 de septiembre de 1903. Candamo enferma de gravedad y fallece al poco tiempo. En el mando lo reemplaza Serapio Calderón, segundo vicepresidente. Calderón forma el mando debido a que Lino Cornejo, primer vicepresidente, había fallecido. Se convocó a elecciones. El partido civil impone la candidatura de José Pardo e irrumpe en la escena política Nicolás de Piérola. En la campaña electoral se realizan por primera vez manifestaciones gigantescas. Los partidos tradicionales se han desgastado y atraviesan por una crisis agobiante ante la antesala de las elecciones de 1919.


“Los demócratas resurgen; los constitucionalistas (que lidera Cáceres, el viejo caudillo) ocupa en sus alianzas sólo el segundo lugar; los liberales (que encabeza Augusto Durand) no integra fuerza capaz por sí sólo de empujar una candidatura propia y los civilistas (que han gobernado casi 20 años) se han escindido. Bajo este triste sino también se encuentra el joven Partido Nacional Democrático, que lidera José de la Riva Agüero y que un año después desaparecía de la escena” (13)

Hay que hacer un acápite en esta parte. Hablemos algo sobre el partido de Riva Agüero, que merece ser mencionado por la gran trascendencia de su creación y lo que pudo aportar al país. La generación del 900 fue la generación de Riva Agüero, Víctor Andrés Belaunde, Óscar Miro Quesada (Racso), Francisco García Calderón, entre otros. Dominados bajo el contexto positivista, este grupo se erige bajo dos principios que guiaran sus reflexiones: el rescate del aporte andino y el sentimiento de Nación.

Ellos reivindicaban los valores del indio (véase tan sólo cómo describe Francisco García Calderón en su Perú Contemporáneo a nuestro país para comprobar la profundidad de su pensamiento hacia el indígena y su función como actor principal en la consolidación de una verdadera Nación peruana) marginado, hostigado y cuestionado por el positivismo imperante. Por ello, los novecentistas plantearon el problema indígena como un problema fundamental. Ellos querían rescatar, primero, a través de sus obras (véase los trabajos de Víctor Andrés Belaúnde, La Realidad Nacional, y la conclusión a que llega Riva Agüero en su tesis La Historia en el Perú), las costumbres, el legado de los Andes y sus habitantes que son los requisitos principales para forjar la Nación peruana. Y sólo se podía lograr esos objetivos cuando se llegue al poder: desde el gobierno. Esa sería la segunda opción para lograrlo.

Nace así el Partido Nacional Democrático (1915 - 1921) y fue llamado por sus émulos como “futurista”. El partido estuvo integrado por jóvenes universitarios, todos limeños y liderados por José de la Riva Agüero.


“En ella convergieron Amadeo de Piérola, hijo del calífa, miembro de la directiva nacional del Partido Demócrata; también estuvieron Francisco García Calderón, Julio C. Tello, Su común preocupación fue el amor a nuestras instituciones republicanas” (14)

Riva Agüero y el Partido Nacional Democrático (PND) fueron la alternativa juvenil de renovación independiente ante ese contexto donde los partidos eran considerados tradicionales (por ejemplo el civilista) y que estaban en una severa crisis por la dictadura de Augusto B. Leguía. Además, el joven Riva Agüero estaba totalmente desvinculado de otros grupos políticos. El PND se distinguió de los anteriores partidos por su preocupación programática:


“Garantías individuales, reformas constitucionales: contra el despotismo y la autocracia, reforma electoral, independencia judicial, legalización social, problema indígena (aspecto principal de la cuestión social), desarrollo económico, hacienda pública, descentralización administrativa (…)” (15)

El gobierno de Leguía, como lo dijo Manuel Burga Díaz, fue un gobierno que sepultó a muchos grupos políticos. Así, ese gobierno frustró ese esfuerzo generacional por renovar la política desde dentro, se frustró toda una generación, eran intelectuales que conocían el Perú profundo del que Jorge Basadre referiría más adelante en su obra.

Cuando Manuel Pardo conforma el partido Civil no solamente aparece una forma organizativa capaz de desplazar a los militares del gobierno, sino que conjuga los disímiles intereses de la antigua aristocracia con los grupos intermedios y aún segmentos relativamente importantes de los sectores populares. Esta organización política tiene vigencia hasta 1912, año en el cual es designado presidente de la república Guillermo Enrique Billingurst. Sin embargo, la declinación civilista se habría iniciado a partir de mayo de 1904, cuando fallece Manuel Candamo y es nominado presidente de la República, José Pardo y Barreda, el cual gobierna hasta el 24 de septiembre de 1908, fecha en que ciñe la banda presidencial a su ex ministro de hacienda: Augusto B. Leguía. La campaña electoral de 1919 fue la última en que actuó el Partido Civil, que se prolongó muchas décadas más allá de la vida de su fundador, convirtiéndose con el Partido Demócrata de Nicolás de Piérola, en uno de los pilares de la República Aristocrática. Los civilistas deciden lanzar la candidatura de Antero Aspíllaga (era un prominente hacendado y fue ministro de hacienda en el primer gobierno de Cáceres) el oponente de Billingurst en la elección de 1912. Mientras tanto Leguía funda el partido Democrático Reformista, acaparaba a las gentes con un programa atrayente: propone recuperar las provincias de Tacna, Arica y también Tarapacá. Ofrece robustecer el poderío militar y, además, saneamiento nacional, reforma del parlamento y una nueva ley electoral. Durante su gobierno los partidos Civil y Demócrata ya no tienen vigencia. Sólo queda ileso el Partido Constitucional que encabeza Cáceres. Para mantenerse en el poder, Leguía somete al Congreso, a la prensa y desata una implacable persecución contra sus adversarios políticos. Así como desaparecen partidos políticos, surgen otros en reacción a la dictadura de Leguía y su Patria Nueva: El Partido Comunista y el APRA.

LOS PARTIDOS DE MASAS

En 1928 José Carlos Mariátegui, Julio Portocarrero, Avelino Navarro, Hinojosa y Borja, Ricardo Martines de la Torre y Bernardo Regman fundan el Partido Comunista del Perú que en aquel año se llamó Partido Socialista afiliado a la III Internacional. Fue concebido por planteamientos marxistas. Mariátegui (ideólogo y periodista) había participado en la creación de un frente antiimperialista. Fue por la presión de la III Internacional que el “Partido Socialista” cambia de nombre por el de “Partido Comunista”. Plantea la necesidad de una revolución antifeudal y antiimperialista y avanzar al cambio socialista, para ello debía resolver el problema del indígena y de la tierra. El proletariado y el campesino son los que transformarán la sociedad.

Por su parte, Víctor Raúl Haya de la Torre funda el APRA y sus objetivos eran inicialmente la unidad política de América Latina. Aquí en el Perú tiene sus orígenes relacionado al problema de las haciendas del norte (Trujillo). Haya planteó la creación de un Frente Nacionalista con trabajadores manuales e intelectuales quienes eran amenazados por lo que en ese entonces empezaba a conocerse como el Imperialismo (norteamericano). Para Haya, el Perú era un país feudal que debía pasar por una etapa capitalista antes de plantearse objetivos socialistas. Debía de erigir un Estado fuerte de contenido antiimperialista que logre negociar con el capitalismo extranjero que era bueno en cuanto traía progreso. Basadre señala que el APRA es el “segundo esfuerzo organizativo con presencia de masas”. El primero surgió en 1872 con el Partido Civil.


“En Arequipa el 22 de agosto el comandante Luís Miguel Sánchez Cerro se levanta en armas y se proclama jefe supremo. Y con esa investidura lanza un vibrante manifiesto (su redacción estuvo a cargo de José Luís Bustamante y Rivero, quien ejercía la docencia en la Universidad San Agustín de Arequipa). En el mensaje se hacen grandes acusaciones contra Leguía y un análisis exhaustivo del régimen del oncenio (…)” (16)

Así, acaba el largo periodo de Leguía. En 1931 Sánchez Cerro fundó la Unión Revolucionaria participando en las elecciones generales de 1931 y 1945. En el gobierno de Samamé Ocampo, la misión de la Junta de Gobierno es básicamente preparar el camino para las elecciones presidenciales del congreso constituyente. El 4 de mayo la junta tuvo listo el nuevo Estatuto Electoral que en poco menos de dos meses había preparado una comisión integrada por Luís Valcárcel, Cesar Antonio Ugarte, Federico More, Alberto Arca Parró, Luís Alberto Sánchez, Jorge Basadre, Carlos Manuel Cox y Jorge Tapia. El nuevo reglamento electoral acogía mejoras notables entre ellas el voto secreto y la representación de las minorías. En agosto la Junta Nacional de gobierno convoca elecciones. El 11 de septiembre el país se vuelca a las urnas. Después de 12 años el pueblo vuelve a elegir a sus gobernantes. Muerto Sánchez Cerro, Benavides asciende al poder bajo una tormenta. Tiene ante sí problemas no sólo de orden interno-político y económico, sino también externos, como el conflicto con Colombia. Su gobierno fue, decía, de “Paz y Concordia”.

En las elecciones de 1939, la candidatura de Manuel Prado se enfrenta a la de José Quesada, quien llega al ruedo electoral con la divisa de la Unión Revolucionaria y la compañía de connotados personajes del sector agrario que lidera Pedro Beltrán: el conservador Riva Agüero y los Miró Quesada. Tanto uno como otro candidato persiguen los votos del partido Aprista, que está fuera de ley. Prado llegó a un acuerdo con el APRA. Se comprometía a dar la amnistía y a devolver la legalidad al partido. Pero todo quedaba en nada. Prado jura como presidente el 8 de diciembre de 1939. Entre tanto en Arequipa en 1944 encabezando a un grupo de ciudadanos, el ex constituyente Manuel J. Bustamante y el ex alcalde Julio E. Portugal suscriben un memorial exigiendo la derogatoria de las leyes de excepción y, por ende, la vigencia irrestricta de las libertades públicas. En el congreso los diputados Arturo Osores Gálvez, Javier de Belaunde y Francisco Tamayo apoyan esa exigencia. Es el punto de partida del Frente Democrático Nacional (FREDENA). El Fredena agrupó al proscrito aprismo y al comunismo, junto con sectores liberales de la derecha. José Luís Bustamante gana y pierde Eloy Ureta por la Unión Revolucionaria.

En los años cuarenta aparecen otros partidos de efímera duración: La Unión Democrática Peruana (1942), fundado con el nombre de Frente de la Peruanidad en Defensa de la Democracia, por Julio Marcial Rossi; el partido Demócrata Socialista (1944) con Luís A. Suárez, Manuel Sánchez Palacios y Carrión Matos; Renovación Nacional (1944) con Carlos Miró Quesada Laos; Legión Patriótica Independiente (1994) que propicio la candidatura de Eloy Ureta; Partido Vanguardia Nacionalista de tendencia comunista (1945) con José Acosta Salas; Partido Obrero Revolucionario (1946) fue el primer grupo marxista de rama trotskista, están Francisco Zevallos y Francisco Abril de Vivero; la Alianza Nacional (1947) de Pedro Beltrán; la Unión Democrática (1949) formado por los partidos Democrático, Reformista, Liberal, Nacionalista, Constitucional, etc., su presidente fue Andrés Dasso.

Manuel Odría se convirtió en candidato único en 1950 después de enviar a la cárcel a su contendor, el general Ernesto Montagene de la Liga Democrática. En 1955 nace La Coalición Nacional de Pedro Reselló, Pedro Beltrán y Manuel Mujica Gallo en oposición a Odría.

Las elecciones de 1956 marcan un hito histórico, porque por primera vez las mujeres tienen el derecho a votar a sus representantes y de ser elegidas. Por estos años nace el Frente Nacional de Juventudes Democráticas, el comité directivo estaba formado por Javier Alva Orlandini (secretario general), Manuel Arce Zagaceta, Eduardo Orrego, entre otros. Fue la base para que en un futuro cercano se fundara Acción Popular y en ella surge la inesperada candidatura de Fernando Belaunde Terry, en marzo de 1956, en plena dictadura de Manuel A. Odría faltando pocas semanas para las elecciones generales.

El candidato que parecía vencedor era Hernando de Lavalle, banquero que formó su agrupación Unificación Nacional. Otro candidato era el poderoso banquero Manuel Prado. Ese mismo año nace el Movimiento Democrático Pradista fundado a iniciativa de Manuel Cisneros Sánchez, cuyo jefe era Manuel Prado Ugarteche. Luego cambia de nombre a Movimiento Democrático Peruano. Nace más tarde Acción Popular (1956) en Chincheros (Cusco) por Fernando Belaunde Terry. Acción Popular sintetiza sus fundamentos ideológicos basados en el “Perú como Doctrina” (La conquista del Perú por los peruanos, entre otros principios). El Partido Demócrata Cristiano (1956) fue fundado por Ernesto Alaysa Grundy, Luís Bedoya Reyes, Mariano Polar Ugarteche y Héctor Cornejo Chávez los cuales se inspiran en la doctrina social de la Iglesia Católica.

El Partido Demócrata Cristiano se opuso al gobierno de Prado. Ese año ganó el partido de Prado con ayuda aprista dándose inicio a la llamada “Convivencia”. Prado se comprometió a gobernar “con libertad para todos”. Ese mismo año el APRA sufría una sería ruptura a causa de dicho pacto con Prado. El APRA rebelde no estaba de acuerdo con la convivencia y De la Puente Uceda más tarde formaría el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionarias) que participaría en las famosas guerrillas. Junto con estas, y dando un preludio al ingreso de una serie de partidos de izquierda en los años setentas, se encuentra el Ejercito de Liberación Nacional (1960) que estuvo conformada por la juventud del Partido Comunista del Perú y fue dirigido por Héctor Bejar, Juan Pablo Chang y el poeta Javier Heraud que en 1963 iniciaría las guerrillas en Ayacucho. En 1961 el general Odría funda la Unión Nacional Odriísta (UNO), sobre la base del Partido Restaurador, tuvo entre sus líderes a Julio de la Piedra.

La primera candidatura fue la de Fernando Belaunde Terry que estaba en campaña y la de Víctor Raúl Haya de la Torre bajo la alianza Apro-Pradista; otros candidatos: Héctor Cornejo Chávez (Democracia Cristiana) la de Alberto Ruiz Eldredge (Movimiento Social Progresista). La del general Cesar Pando Egúsquiza (representaba al Frente de Liberación Nacional y es apoyado por los partidos marxistas); y finalmente la de Luciano Castillo del Partido Socialista. Acción Popular llega al poder en junio de 1957 y hasta 1962 busca articular un conjunto de ideas a tareas específicas con su lema “la conquista del Perú por los peruanos”, “cooperación popular”, etc. Belaunde se presentaba ante la población como un movimiento joven sin compromisos con nadie.

En 1962 (elecciones) Haya no logró el tercio electoral que exige la constitución para ser presidente. Las fuerzas armadas denuncian procedimientos fraudulentos en varios departamentos, querían impedir que el APRA llegara al poder. El APRA representa en ese momento una opción conservadora, mientras que el ejército estaba por las reformas:


“Era la primera vez en la historia que las Fuerzas Armadas intervenía frontalmente en unas elecciones (…) El deber de la Fuerza Armada es ejercer el estricto cumplimiento de un proceso electoral; vigilar y cuidar de su fluidez y limpiar para que no se entrampe la voluntad de las mayorías (…) Que no quepa entonces duda. Su objetivo, en 1962, fue evitar que el APRA llegara al poder” (17)

En 1962 se formó el frente de Izquierda Revolucionaria (FIR) formado por Hugo Blanco, Antonio Aragón, Vladimir Valer y Gorky Chang que dirigían los movimientos campesinos del Cuzco. El Frente Nacional de Trabajadores Campesinos (FRENATRACA) fue fundado en Puno por los hermanos Néstor, Roger y Luís Cáceres Velásquez. Se concreta la Alianza Acción Popular-Democracia Cristiana. Las fuerzas Armadas que habían prometido instaurarse en el poder sólo por un año, cumple su promesa.

En 1967 se formó el Partido Popular Cristiano (PPC), formado por un sector de la Democracia Cristiana dirigido por Luís Bedoya Reyes, Mario Polar Ugarteche, Felipe Osterling, Alberto Borea, etc. Producido el golpe militar de octubre de 1968 uno de los primeros partidos en pronunciarse fue el PPC. El PPC condenaba enérgicamente la actitud adoptada por quienes tienen la obligación legal y moral de respetar la autoridad y preservar el orden público y no de subvertirlo (Tamariz: 334).

LA IZQUIERDA Y LA EXTREMA IZQUIERDA DE LOS SETENTAS.

Por estos años las diferentes expresiones de la izquierda peruana que vendrían de aquí en adelante han pretendido revalorar la figura de Mariátegui: Partido Comunista-Bandera Roja (PCP-BR) en 1964, fue la ruptura maoísta del PCP, liderado por Saturnino Paredes, Abimael Guzmán, José Sotomayor, éste grupo daría origen al Partido Comunista Patria Roja (PCP-PR) en 1970, de tendencia maoísta y liderado por Alberto Moreno, Jorge Hurtado, Rolando Breña Pantoja y al PCP Sendero Luminoso en 1970 dirigido por Abimael Guzmán y Osmán Morote, con bases estudiantiles y docentes en Ayacucho. Vanguardia Revolucionaria (VR) en 1965, fusión de varios núcleos marxistas donde sus lideres fueron Ricardo Nepuri, Ricardo Letts y Edmundo Murrunaga, su ruptura originará al partido Obrero Marxista Revolucionario (POMR) en 1970 dirigido por Ricardo Nepuri y Jorge Villarán (tendencia Trotskista), y al partido Comunista Revolucionario (PCR) con Manuel Dammert, Agustín Haya de la Torre y Santiago Pegráglio, su ruptura dará al PCR-Trinchera Roja por Agustín Haya y Jorge Nieto, y a Vanguardia revolucionaria-Proletario comunista con Edmundo Figari y Julio Mezzich.

En 1971 surge el partido Socialista de los Trabajadores (trotskista) con Hugo Blanco. El Partido Socialista Revolucionario (PSR) en 1976 con líderes del gobierno de Velasco: Leonidas Rodríguez, Jorge Fernández Maldonado y Enrique Bernales. De aquí surge el PSR-Marxista-Leninista con Antonio Aragón y Carlos Urrutia. Unión Democrático Popular (UDP) en 1977, fue un frente de izquierda formado por VR, MIR y PCR.

En noviembre de 1977 se convoca a elecciones para la Asamblea Constituyente, se instaura el voto preferencial, la nueva legislación electoral establecía además el voto para los jóvenes de 18 años. El Movimiento Pradista sucumbe en 1978. Javier Ortiz de Zevallos lo declara disuelta dos años después.

3.6. LA TRANCISION DEMOCRATICA Y EL NUEVO FIN DE LOS PARTIDOS

En 1980, Gustavo Mohme Llona funda Acción Política Socialista. Nuevamente Fernando Belaunde toma el poder en 1980 teniendo como jefe de equipo a Manuel Ulloa. Entre tanto, Sendero Luminoso se ha convertido en el más grande flagelo del país. La izquierda unida (IU) fue un frente electoral conformado por PCP, PSR, POCEP, UNIR. En 1984 se una a la IU el IDP y parte del PCR forman el PUM (Partido Unificado Mariateguísta) entre ellos estaba Javier Diez Canseco, Agustín Haya, Santiago Pedráglio y Carlos Tapia. El APRA sufre otra ruptura, esta vez liderado por Andrés Townsend Ezcurra formando el Movimiento de Bases Hayistas (1981).

La Izquierda Unida no fue un partido político sino un frente de partidos de tendencia marxista-leninista. Su fracaso en las elecciones de 1980 fue su desunión. Pero sin duda fue el más importante frente de izquierda del Perú. En 1982 Miguel Ángel Mufarech con los grupos renunciantes de AP y PPC fundan el partido de Integración Nacional. En 1984 se crea Solidaridad y Democracia (SODE) donde se encuentran lideres como Javier Silva Ruete, Aurelio Loret de Mola, nace constituyéndose como un movimiento de reflexión y acción política. Postula el establecimiento de una democracia social.

La confrontación electoral de 1985 reúne a un buen número de candidatos presidenciales; los principales: Alan García Pérez (APRA); Alfonso Barrantes Lingan (IU) y Luís Bedoya Reyes de Convergencia Democrática (conformada por PPC y las Bases Hayistas de Andrés Towsend Escurra). En tanto que en el partido de Belaunde postula a Javier Alva orlandini. Entre los de menor posibilidad: Francisco Morales Bermúdez que había creado un Frente Democrático de Unidad Nacional.

Alan García accede a la presidencia de la República ofreciendo un gobierno “para todos los peruanos”; la crisis económica y el terrorismo fue lo que tuvo que enfrentar en su gobierno. Alan García anuncia el 28 de julio de 1987 la estatización de la banca. El PPC sale a las calles y el escritor Mario Vargas Llosa aparece. Surge el Movimiento Libertad (1987) contra la amenaza totalitaria que era la estatización; integraban el movimiento de Vargas Llosa, Miguel Cruchaga y Miguel Vega. En 1988 junto a AP, PPC, SODE, la Unión Cívica Independiente (fundado por Francisco Diez Canseco) y el IDL (de Hernando de Soto) forman el Frente Democrático Nacional (FREDEMO).

Aparecen grupos como el Movimiento Socialista Peruano (MSP) en 1989 por ex integrantes del PUM: Carlos Tapia y Sinesio López. Cambio 90 (1989) fundado por Alberto Fujimori con Máximo San Román y Carlos García García, fue un movimiento de agrónomos e industriales, ofrecían al país una alternativa basada en el trabajo, la producción y la tecnología aplicada a la pequeña y mediana empresa. Muchos de los grupos de izquierda no duraron hasta los noventa, su aparición se debió al contexto en el que se desarrollaron la Revolución China, Cubana, Vietnam, Guerra Fría, Caída del Muro de Berlín, etc.

Fujimori derrota a Vargas Llosa, llega al poder y lo nombran outsider. Su gobierno comienza con debilidades ya que no es un partido sólido ni organizado. Ante poca representatividad en el Congreso decide disolverlo y crear una nueva constitución que le permita reelegirse. Los partidos políticos fueron afectados durante su gobierno. Existe una crisis política en la medida que el gobierno no puede ejercer su función de gobernar. Fujimori logra la pacificación nacional y la derrota del terrorismo, controla la hiperinflación y la reinserción externa. Pero uno de sus errores fue la reelección con firmas falsas, la corrupción y Montesinos.


Así como desaparecen partidos, surgen durante el gobierno de Fujimori nuevos grupos políticos como el Movimiento Democrático de Izquierda (MDI) donde se encuentran Henry Pease y Gustavo Mohme. El grupo de Renovación que reunió a independientes y militantes del movimiento Libertad de Mario Vargas Llosa, el grupo fue liderado por Rafael Rey Rey. La Coordinadora Democrática (CODE) formado por ex apristas como José Barba Caballero, País Posible con Alejandro Toledo que luego junto con CODE formarían Perú Posible, Somos Perú, Solidaridad Nacional, etc., etc., etc.



REFLEXION FINAL


En esta revisión rápida de la historia de los partidos en el Perú republicano se observa diversos intentos de grupos con grandes proyectos políticos que pudieron aportar al desarrollo no sólo económico, sino también reivindicaciones a peruanos excluidos, con el objetivo de unir a esas clases marginadas para forjar la Nación (objetivo principal que permitiría mejorar las relaciones entre los peruanos y, por inercia, a estar mejor tanto en la economía, cultura, sociedad, política, etc.). La Unidad es la columna vertebral del desarrollo de un país para convertirse en una verdadera Nación. Unir el Perú Profundo, el Perú Real, aquel Perú representado por los indígenas. Aquel Perú que pudo tal vez ser revalorado por la generación del 900 de Riva Agüero, García Calderón, Belaunde y Tello. La ambición de otros grupos de poder no permitió que se materialice ese ideal del 900. Utilicemos el recurso de la ucronía: se puede afirmar con total convicción, que el grupo de Riva Agüero, al menos tenían las condiciones para gobernar el país (proyecto nacionalista e indigenista) cumpliendo con el mejor requisito: conocer el Perú. Ellos se plantearon revalorar e incorporar a los indígenas a la vida nacional. Así lo demuestran las obras de Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde y Riva Agüero.


El APRA tiene mucho mérito por haber, hasta ahora, sobrevivido (haciendo honor a su lema: “el Apra nunca muere”) a pesar que su líder Haya de la Torre ya no está dirigiendo el partido, incluso durante las dos divisiones caudillistas que tuvo en los años sesenta y ochenta, recuérdese a De la Puente Uceda, Andrés Townsend y Armando Villanueva. Su organización (bien estructurada), su doctrina y su tradición hacen del APRA un partido estable. Le siguen a los apristas el partido Acción Popular, con una ya marcada tradición y organización, pero debería de actualizarse en los planteamientos doctrinarios, parece no muy conveniente conquistar el Perú nosotros mismos como tal vez pudo haber sido en los años sesenta.


La desunión que hubo dentro de la Izquierda fue lo que causó la no llegada al poder de ese enorme grupo que traían propuestas interesantes, eso quedó demostrado cuando Barrantes logra la alcaldía y la población se preguntaba ¿qué harían si estuvieran en el gobierno? Pero las discrepancias internas obstaculizaron ese objetivo. Se tomó la imagen de Mariátegui para fundar diversos partidos de tendencia marxista, incluso arguyendo que fue el mismo Amauta que fundó tales partidos. De ellos, surgió el peor grupo extremista: “por el sendero luminoso de José Carlos Mariátegui”


Se puede sacar muchas reflexiones sobre la historia política peruana, pero creo que se puede llegar aún consenso general, en que la Unidad entre los peruanos es fundamental para consolidarnos como Nación. Reivindicar aquellos grupos que fueron el motor de la historia para concretar una independencia política y no dividirnos cuando se atenta contra la seguridad del país ante peligros externos, es decir, no luchar por caudillos o generales que manipulan por sus propios intereses, sino luchar por la patria, por nuestra Nación, destruyendo las enormes diferencias sociales y raciales presentes en la población.

Notas:

(1) Manuel Burga Díaz “Leguía y Fujimori: Épocas diferentes, hombres distintos y un peligroso final”. Quehacer N: 107 Pág.: 20

(2) Salvador Giner. Historia del pensamiento social. Pág.: 40, 41

(3) George Ritzer. Teoría Sociológica clásica Pág.: 303

(4) Henry Pease García. “Incubando una crisis de representatividad política”. Quehacer N. 19 Pág.: 9

(5) Luís Jaime Cisneros: “En busca de una Nación”. Correo 15-05-2004

(6) op cit Pág.: 21

(7) Jorge Astete Virhuez. “República Hemipléjica”. La Razón 09-05-2004. Pág.:8

(8) Martín Santibáñez Vivanco “Hacia la segunda República” La Razón 28-07-2004, pág.: 10-11

(9) Luís Miguel Glave. La República Instalada. Pág.: 28

(10) Enrique Chirinos Soto. Historia de la República del Perú. Pág.: 175

(11) Carmen Mc Evoy. La Utopía Republicana. Pág.: 56

(12) Germán Núñez. Pensamiento Político Peruano. Pág.: 103

(13) Ibíd. Pág.: 175

(14) Pedro Planas. Balance y Recuperación del 900. Pág.: 137

(15) Ibíd.: Pág.:189-192

(16) Domingo Tamariz. Historia del Poder. Pág.:175 – 177

(17) Cesar Lévano. Caretas N. 1631. Pág.: 24 de mayo 2001


Tomado en parte de
http://www.articulosya.com/article/4816/LA_POL%C3%8DTICA_Y_LA_HISTORIA_DE_LOS_PARTIDOS_POL%C3%8DTICOS_EN_EL_PER%C3%9A.aspx